Julian Sorell Huxley

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Al abandonar el mundo académico, dirigió el Parque Zoológico de Londres, y fue Director General de la UNESCO (desde 1946 hasta 1948)[1]

Nació en Londres, el 22 de junio de 1887.[2]

Falleció el 14 de febrero de 1975.[2]

Fue un biólogo evolutivo, escritor, transhumanista, eugenista internacionalista británico, conocido por sus contribuciones a la popularización de la ciencia a través de libros y conferencias. Nieto del célebre darwinista Thomas Henry Huxley[1].

El objeto de las reflexiones filosóficas de Julian siempre estuvo centrado en la creación de un humanismo científico que se convirtiera en una religión secular. Es lo que él denominó humanismo evolutivo, que fue la primera semilla conceptual del término transhumanismo.

El transhumanismo se ha convertido en uno de los objetos de debate filosófico más acuciantes en el siglo XXI. Francis Fukuyama, el filósofo que fuera asesor de la Administración Bush, advirtió en el año 2002, en su libro El Fin del Hombre[3], de las posibles consecuencias perniciosas de la revolución biotecnológica que se está viviendo.

A pesar de que las esperanzas transhumanistas se encuentren dentro del plano de la utopía, el alcance académico y económico de este movimiento cultural va aumentando con los años. Ya sea por la publicación de bestsellers de contenido transhumanista –como Homo Deus, de Yuval Noah Harari[4]–, las narrativas audiovisuales –Black Mirror, Westworld– o las noticias relacionadas con el mejoramiento humano –como el caso de las niñas editadas genéticamente por el genetista He Jiankui, condenado a tres años de prisión por las autoridades de la República Popular de China–, la cultura transhumanista se está abriendo un espacio en la sociedad del siglo XXI y su influencia parece que va a ir en aumento.

Julian Huxley, el humanista evolutivo

El humanismo científico que postulaba estaba centrado, a nivel práctico, en la propuesta moral de Francis Galton, quien comprendió que la eugenesia era una tarea urgente en la sociedad victoriana, dada la degradación progresiva de la condición biológica de sus miembros, sobre todo de aquellos que pertenecían a la aristocracia británica.

Julian Huxley hizo suya la misión eugenésica de Galton. En sus reflexiones se preocupó por justificar la eugenesia como una tarea humanística y científica, en la que era necesario purificar tanto la mente como el cuerpo social. En este sentido, para Huxley todas las disciplinas del conocimiento humano eran de interés para comprender el cosmos y llevarlo a su plenitud. Sobre todo para encontrar el sentido de la existencia del ser humano como ser consciente. Un tema que desarrolló su abuelo al sumarse a una interpretación materialista de la emergencia de la conciencia humana dentro del contexto del evolucionismo, el epifenomenalismo, al que se adscribió su nieto. Pero para Julian, la consciencia humana constituía en sí misma, una misión universal dentro del orden de la naturaleza y tenía el papel de transformar el cosmos para tornarlo autoconsciente.

La ayuda proporcionada a la naturaleza es la expansión de la conciencia humana.[5]

Más allá de la persona de Julian Huxley, hay que atender a su obra literaria. Como escritor y filósofo, sus ensayos representan la primera puesta en escena del transhumanismo formalmente. Sus ideas humanísticas y científicas desarrollan una hermenéutica del evolucionismo y de la tecnología que asientan los ideales transhumanistas. En 1923, años antes de acuñar el concepto del transhumanismo en 1957, publicó sus Ensayos de un Biólogo[6], donde reflexionaba sobre su particular visión del humanismo:

"La posibilidad de un perfeccionamiento fisiológico, de una mejor combinación de las facultades psíquicas existentes, de elevar las facultades actuales del hombre a nuevas alturas y aun el descubrimiento de nuevas facultades, nada de todo esto es vana utopía, sino que habrá de venir si la ciencia continúa su progreso actual"[6]

En las palabras del biólogo es posible encontrar al padre del transhumanismo, al filósofo que andaba tras el espíritu del ahora llamado human enhancement. Huxley buscaba, combinando el evolucionismo y el humanismo, la justificación moral del control de la evolución biológica propuesto por Francis Galton. Un ideal que permitiera al ser humano ser auténticamente dueño de su naturaleza y no dependiente de sus limitaciones corporales.

La labor del biólogo, aquel que, según Huxley, conoce las potencialidades humanas y que ve capaz al hombre de dirigir el curso evolutivo, es pedagógica: tiene la obligación moral de instruir a la sociedad y prepararla para el cambio de paradigma evolutivo, aquel en el que la conciencia humana penetre las raíces de la biología y le dé visión, dirección y guía. El biólogo debe ser capaz de comprender que el peso de los valores que impiden la aceptación del cambio moral es inmenso. Por esa razón debe esperar y saber explicar que el fin que propone es digno y deseable.

En este sentido, hace falta un cambio interior, una toma de conciencia de sí para que los seres humanos vean con claridad que hay que tomar las riendas de la evolución biológica:

“Cuando las civilizaciones y las sociedades estén organizadas de manera que sus fines primeros sean la consecución de los valores espirituales, entonces la vida habrá pasado a otro punto crítico en su evolución; como siempre, lo que ha ocurrido antes es necesario como fundamento para lo que le sigue, y deben ser cumplidas las condiciones biológicas antes de que pueda construirse el nuevo y más alto edificio; pero, así como sucedió cuando los mamíferos reemplazaron a los reptiles, también ahora el cambio de finalidad significará el surgimiento de un nuevo tipo que será la forma de vida dominante y más elevada. Ello solamente podrá ocurrir si el hombre procura conscientemente hacer que ocurra. Su evolución hasta el presente puede resumirse en una frase: gracias a haber entrado en posesión de la razón, la vida de su persona se ha hecho autoconsciente, y la evolución le está confiada como síndico y director. La “Naturaleza” no deberá trabajar más sin ser ayudada. La Naturaleza –si por tal se entienden las fuerzas ciegas e inconscientes– ha producido, maravillosamente, el hombre y la conciencia, los cuales han de proseguir la tarea para llegar a nuevos resultados que la sola Naturaleza nunca puede alcanzar”.[6]

El transhumanismo en odres nuevos para un vino nuevo

El ensayo donde Julian Huxley expone con más evidencia la interpretación cósmica de la conciencia humana es Odres Nuevos para un Vino Nuevo (New Bottles for New Wine en su original inglés)[7]. El título del ensayo es profundamente significativo. Se trata de una cita de una parábola del Evangelio 14. En ella Jesús mantiene una conversación con los fariseos. Quienes le preguntan por qué los discípulos de Jesús, a diferencia de los de Juan el Bautista y los propios fariseos, no practican el ayuno. A lo que Jesús responde usando varias imágenes, como la de los amigos del esposo en su boda, que no dejan de comer porque están de fiesta. Después añade la del remiendo realizado con tela nueva en tela vieja y continúa con la de los odres nuevos y el vino nuevo, que, como se puede ver, es la empleada por Huxley para titular y significar su ensayo.

"El hombre permanece como hombre, pero se trasciende a sí mismo, al darse cuenta de nuevas posibilidades de y para su naturaleza humana"[5]

La conversión verdadera del corazón se produce cuando el cambio es de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro. Por eso Huxley hace uso de la imagen de los odres para ilustrar el cambio de conciencia que él busca. Para él, la evolución dirigida es la auténtica comprensión de las leyes naturales y del lugar que ocupa el ser humano dentro del Universo. Como se ha visto anteriormente, la humanidad tiene el deber de expandir su conciencia y su voluntad hacia los diferentes niveles de la realidad física. En este sentido, la técnica y la cultura son la continuación de la naturaleza, que desarrolla la conciencia de sí a partir de la reunión de los granos de conciencia que representan cada uno de los seres humanos.

La expansión de la conciencia de sí mismo hacia los diferentes estratos de la realidad es lo que define Huxley como autotrascendencia del ser humano: su capacidad de salir de los límites que le ha impuesto la naturaleza, que está alienada por la pluralidad. Pero la conciencia de sí mismo no es únicamente la suya como individuo, sino que le compromete, primero, como especie, y, después, como fragmento del cosmos, del Todo.

Las posibilidades que se le abren al ser humano en el presente estadio de la evolución, en el que la autoconciencia y la técnica le permiten acceder y dominar las distintas capas de la naturaleza, le obligan a emprender la tarea del autotrascendimiento, que consiste en superar su cultura y superarse a sí mismo.[8] Huxley está convencido de que ha llegado el momento de superar la condición humana:

“Ya podemos justificar la creencia de que estas tierras de posibilidad existen, y que las limitaciones actuales y las frustraciones miserables de nuestra existencia podrían superarse en gran medida. Ya estamos justificados para estar convencidos de que la vida humana como la conocemos en la historia es una improvisación improvisada que está enraizada en la ignorancia; y que podría ser trascendida por un estado de la existencia basado en la iluminación del conocimiento y la comprensión, al igual que nuestra base moderna de control de la naturaleza física y la ciencia trasciende las vacilantes tentativas de nuestros antepasados, que estaban arraigados en la superstición y en el secreto profesional”[8][9]

Una sociedad basada en la iluminación del conocimiento puede, para Huxley, atravesar las barreras de los antiguos prejuicios para dirigirse a un nuevo estadio de la evolución y de la historia. Si los hombres se desprenden del peso que cae sobre sus hombros, ese techo cultural que han construido con las ideas de “Destino – Dios – Naturaleza – Ley – Justicia Eterna”, como dice Julian en sus Ensayos de un Biólogo, podrán abrirse al nuevo océano de posibilidades que les brinda la transformación de la naturaleza humana con la tecnología.

Transhumanismo: la nueva religión para la humanidad

Con Odres Nuevos para un Vino Nuevo Julian Huxley acabó de conformar el credo religioso que estaba buscando a lo largo de su obra. Esta obra representa, en cierto modo, la cristalización de las reflexiones filosófico-religiosas del autor, que comenzaron a madurar en Religión sin revelación y de las que hay vestigios en Ensayos de un Biólogo. Unas reflexiones que tenían por objeto la justificación ética y espiritual de la eugenesia propuesta por Francis Galton como una ética del mejoramiento de la raza.

Desde el principio, el hermano de Aldous mostró en sus ensayos, siguiendo las directrices galtonianas, la búsqueda de una nueva religión para la humanidad que comprendiera la eugenesia como la gran catarsis de la naturaleza humana. La creencia fundamental de esa religión es lo que acabó denominándose transhumanismo. Una religión que toma, por un lado, como una actitud espiritual, el agnosticismo formulado por el abuelo de Julian y Aldous, Thomas H. Huxley, y, por otro, como convicción ética, la eugenesia de Francis Galton. De esta manera, agnosticismo y eugenesia son las fuentes fundamentales del transhumanismo de Julian Huxley.

Gracias a las manifestaciones de Dios en la naturaleza es posible tener una experiencia empírica de Dios, según Huxley.[5]

Es destacable, en este sentido, que el proyecto de Huxley consistía en una naturalización y vaciamiento de la teología cristiana. Un propósito que de manera palmaria dejó plasmado en la obra en la que mejor expone el espíritu del humanismo evolutivo, Religión sin revelación. La visión del cosmos que desarrolla en este ensayo tiene como punto de partida la inmanentización de la Trinidad cristiana.

Huxley considera en sus obras que el ser trinitario está inserto en la misma estructura del cosmos y que constituye el esquema fundamental del desarrollo de la historia del Universo, que es el mismo Dios. Reinterpreta, por tanto, el concepto del homousios niceno y lo priva de las distinciones hipostáticas, reduciéndolas a simples modos nominales de una única sustancia universal que se transforma a lo largo del tiempo:

Las principales líneas del cuadro fueron establecidas para todos por igual en el Concilio de Nicea, cuando quedó determinada la doctrina de la Trinidad, con sus tres personas iguales. La doctrina, pese a ocasionales revueltas intelectuales a causa de su dificultad, ha satisfecho la mente europea durante tantos siglos que hasta el más acérrimo opositor del cristianismo deberá admitir que la doctrina conforma ciertas necesidades humanas y concuerda de alguna forma con la realidad. En forma amplia considero que “Dios Padre” es una personificación de las fuerzas de la naturaleza no humana; el “Espíritu Santo” representa todos los ideales y “Dios Hijo” personifica la naturaleza humana en su culminación, como si estuviera realmente encarnada en los cuerpos y organizada en mentes, salvando el abismo entre los dos y entre cada uno de ellos y la vida cotidiana. La unidad de las tres personas en “un solo Dios” representa el hecho de que todos esos aspectos de la realidad están estrechamente relacionados[10]

Por tanto, su punto de partida es enteramente naturalista y rechaza cualquier afirmación sobre la existencia de un Dios personal, tal como se entiende en la teología trinitaria cristiana:

He denominado a este libro «Religión sin revelación» a fin de expresar desde el comienzo la convicción de que la religión, del carácter más alto y completo, puede coexistir con una completa falta de creencia en la revelación propiamente dicha, así como también en ese meollo de la religión revelada: un dios personal[10].

El deseo de Huxley en sus obras es, de este modo, crear una religión de la naturaleza que pueda ser universalizable. Algo que será posible si se abandonan las creencias en un Dios trascendente, como plantea la religión cristiana, y se descubre la inmanencia divina en la naturaleza. Algo que afirma con contundencia en Religión sin revelación. El biólogo humanista está convencido de que “los hechos de la biología evolucionista nos suministran, en forma de una doctrina del progreso que se comprueba en todo momento, uno de los elementos más esenciales para una tal concepción de Dios fundada en lo externo y en definitiva en cualquier construcción que sea capaz de llenar el deseo permanente de satisfacción de la necesidad de la que estamos hablando”[10] Así, el progreso de la naturaleza a través de la evolución biológica es el avance de la divinidad en la Historia. La identidad entre Dios y la naturaleza es palmaria en el planteamiento de Huxley cuando dice, inspirándose en Wells, que la unidad entre la experiencia externa e interna del ser humano tiene una imagen trinitaria:

“Es evidente que alguna forma de trinitarianismo es un método razonable para simbolizar la inevitable triplicidad de la experiencia interna, del hecho externo, y de su interrelación. En el particular trinitarianismo cristiano, la realidad que consideramos como existente tras de las fuerzas de la naturaleza, es llamada Padre; la fuerza que retoña en el espíritu del hombre, especialmente cuando parece sobrepasar la individualidad y derramarse en lo que designamos como místico, es llamada Espíritu Santo, y la actividad personal o vicariante que media entre el individuo y el resto del universo, reconciliando su falta de discusión y sus defectos con la aparente severidad e inexorabilidad, es llamada Hijo”[10]

La religión que postula Huxley es una religio mentis, una religión de la mente, que es finalmente la auténtica sustancia universal.[5]

De alguna manera, puede decirse, siguiendo a Huxley, que hay una pulsión hacia la Unidad inscrita en la materia, que lucha por espiritualizarse con la mediación de la mente humana:

“Si espíritu y materia son dos propiedades de la misma sustancia universal, la elevación del espíritu al predominio ha capacitado a esta sustancia básica para escapar a algunas de las limitaciones aprisionadas que la confinaban a niveles más bajos de su desarrollo: ¿no conocemos todos esa desesperación por salir del confinamiento, ese deseo vehemente de comunión? Siguiendo nuestra línea anterior de razonamiento, vemos que la interpretación de nuestras personalidades, que implica un paso más allá en el progreso, es y debe ser parte de la base sobre la que se cumplirá el futuro adelanto de la evolución”[6].

La actividad de la mente humana, por tanto, es el motor de la historia y de la realidad entera. Ella es la que libera a la naturaleza (el estadio del Padre) y la eleva hasta su mente (el Hijo) para constituir una realidad más elevada y unitaria en la idea que forma la mente de ella (Espíritu Santo).

Conclusiones

La misión religioso-científica que supone la creencia en el transhumanismo lleva al convencimiento de que el ser humano podrá trascender su condición de especie para llegar a concentrar todos los fragmentos de su conciencia en una autoconciencia cósmica total que dé plenitud a la sustancia universal y única de la que todo forma parte. En este contexto, cuando se da en el ser humano la toma de conciencia de su condición fragmentaria y de la posibilidad de conducir al Universo a su plenitud, se le revela un nuevo estadio del tiempo histórico, lo que le conduce a renunciar a su particularidad para fundirse y confundirse a través de su deseo con la totalidad del cosmos.

Así con todo, el transhumanismo formulado por Huxley es, para él, la nueva religión global en la que pueden creer todos los seres humanos. Religión que postula el deber moral de trascender los límites biológicos del ser humano y de dirigir conscientemente la evolución. Pero lo más destacable de esa religión es que la meta final del transhumanismo es la manifestación de Dios en la Historia, del Dios inmanente y limitado en la naturaleza ciega, liberado posteriormente por la idea forjada con el fuego del espíritu humano. De esta manera, Huxley desplegó las alas del espíritu del transhumanismo a mediados del siglo XX y ha volado hasta la actualidad, adquiriendo múltiples formas.

Otras voces

Referencias

  1. 1,0 1,1 Ruiza, M.; Fernández, T.; Tamaro, E. (2004). «Julian Sorell Huxley». Biografías y Vidas. Consultado el 27 de mayo de 2021. 
  2. 2,0 2,1 Fundación Wikimedia, Inc. (5 de mayo de 2021). «Julian Huxley». Wikipedia. Consultado el 27 de mayo de 2021. 
  3. The End of History and the Last Man. Penguin UK. 28 de enero de 1993. p. 448. ISBN 0141927763. 
  4. Noah Harari, Yuval (8 de septiembre de 2016). Homo Deus: A Brief History of Tomorrow. Random House. p. 528. ISBN 1473545374. 
  5. 5,0 5,1 5,2 5,3 Monterde Ferrando, Rafael (2020). «El Transhumanismo de Julian Huxley: Una Nueva Religión para la Humanidad». Cuadernos de Bioética. 31 (101): 71-85. doi:10.30444/CB.53. Consultado el 27 de mayo de 2021. 
  6. 6,0 6,1 6,2 6,3 Huxley, Julian (1957). Ensayos de un Biólogo. Editorial Sudamericana. p. 305. 
  7. Huxley, Julian (1950). «New Bottles for New Wine: Ideology and Scientific Knowledge». The Journal of the Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland 80 (1/2): 17. Consultado el 27 de mayo de 2021. 
  8. 8,0 8,1 Nietzsche, Friedrich (2018). Así habló Zaratustra. Madrid: Cátedra. p. 520. ISBN 978-84-376-2502-7. 
  9. En el original inglés reza así: “Already, we can justifiably hold the belief that these lands of possibility exist, and that the present limitations and the miserable frustrations of our existence could be in large measure surmounted. We are already justified in the conviction that human life as we know it in history is a wretched makeshift, rooted in ignorance; and that it could be transcended by a state of existence based on the illumination of knowledge and comprehension, just as our modern control of physical nature based on science transcends the tentative fumblings of our ancestors, that were rooted in superstition and professional secrecy”.
  10. 10,0 10,1 10,2 10,3 Huxley, Julian (1967). Religión sin revelación. Buenos Aires: Sudamericana. p. 293.