Pedabioetica

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Introducción[editar | editar código]

A más de 40 años de la fundación de la ciencia bioética, parece oportuno que ha llegado el momento de dedicar energías a su transmisión y a su difusión pedagógica. Su presentación a numerosos niveles de la organización social, hace necesario un instrumento idóneo para que los contenidos, muchas veces complejos y diversos de la bioética puedan llegar adecuadamente a los receptores. Al menos señalaría tres razones que justificarían este término:

  • a) El momento cultural y su fundación racional hacen que puedan ser compartidos por muchos, la luz que en numerosos casos la bioética puede aportar en la presente coyuntura histórica.
  • b) La dimensión científica de la bioética, siendo al mismo tiempo, momento ético, momento sociológico, filantrópico y filotécnico, puede iluminar los continuos cambios biocientíficos de las sociedades contemporáneas.
  • c) En la transmisión de la fe cristiana, un concepto fundamental ha sido el de la naturaleza que ha iluminado siempre abundantemente la comprensión en parte del misterio humano. Ante la incerteza acelerada que a veces ofrecen ciertas líneas de investigación, el servicio que la enseñanza correcta de la bioética puede ejercitar es grande. Sobre todo, está en juego la dignidad y la calidad de la vida humana.

Aunque poco conocido, el momento pedagógico ha estado desde el principio, presente en la ciencia bioética. Cuando a finales de los años sesenta aparece el neologismo bioética (1969), la pre-bioética era ante todo la moral médica desarrollada por los teólogos. Fueron estos planteamientos los presentes en unos momentos de incerteza ante el significado auténtico de la vida humana y cuando ésta se vio amenazada por algunos planteamientos cientificistas en los campos sexuales y de la procreación humana.

En la historia de la bioética en campo católico, aparece con claridad la necesidad catequética-formativa de la nueva ciencia. Es la necesidad de subrayar que a pesar de todos los avances tecnocientíficos, la dignidad humana sigue siendo la misma. Que la vida humana no tiene más ni menos valor porque pueda ser manipulada, que la verdad sobre la dignidad y fin del hombre permanecen inmutables y no susceptibles a instrumentalizaciones coyunturales o de terceros.

En este sentido el elemento teológico-catequético es importante, ya que la teología al tener una palabra decisiva sobre el ser humano, incide sobre la fundamentación de su obrar en el campo de la vida. La catequética, como ciencia teológica, ayudará en muchos casos a re-dimensionar y a influir en la visión unitaria de la ciencia que no puede dejar de tratar al ser humano como al centro del mundo creado.

Por ello, los elementos catequéticos y formativos de la bioética pueden ser considerados como un proceso pedagógico de orientación eclesial que tiende a transformar adecuadamente la comprensión de la calidad de la vida en nuestros días y a explicar qué es calidad y qué no lo es.

Sólo una adecuada calidad educativa puede presentar la perenne riqueza del primado de cada ser personal en la esfera del mundo. El hombre educado, el hombre ­virtuoso será capaz de captar lo esencial y lo necesario de los progresos biotecnocientíficos. Esto es lo que muchos entendidos sintetizan con el término de “pedabioética”[1].

Fundamentos epistemológicos[editar | editar código]

Ya hemos en parte justificado la aparición de su término. Y ya ha pasado suficiente tiempo para comprobar que la dimensión inmediatamente pragmática y sectorial de la primera hora (Potter) ha sido superada. La ciencia bioética además de interpretar sobre todo la acción libre del hombre en el campo de la vida y la realidad humana, tiene también esa vocación fundativa, es decir, está llamada a fundamentar adecuadamente los desarrollos diversos de las distintas partes de la bioética. Es la hora por tanto de subrayar la pertinencia de una adecuada metabioética la cual debe ser enseñada, transmitida y ulteriormente aplicada, retirándose del inmediatismo que amenaza en gran manera su epistemología.

En cierto sentido, en algunos ambientes anglosajones, el problema continúa, privilegiando un pragmatismo casuístico y una preferencia aplicativa abrazando modelos proporcionalistas o consecuencialistas a la hora de las elecciones en el campo bioético general y de la bioética clínica en particular. Por otro lado, el planteamiento bioético basado en la verdad, es visto por muchos como una quimera. Se mantiene en muchos ámbitos, la incapacidad de que la sana razón aporte luz a la ecología humana. Obviamente este inadecuado planteamiento crearía desigualdades en las distintas culturas, ya que sólo la última palabra sobre el hombre y su dignidad aparecería sentenciada por la ideología de turno.

Por ello parece necesario también en el campo bioético, la formación virtuosa a la bioética. Una pedagogía que partiendo de la verdad del dato real pueda construir una racionalidad dialogal y fundativa, no sospechosa y pesimista ante el continuo desarrollo biotecnológico.

Objeto de la pedabioética[editar | editar código]

El objetivo formal será la investigación científica de la misión educativa de la Iglesia  en el campo bioético.

La pedabioética es un neologismo necesario y oportuno, cuya función sería la de transmitir lógicamente y adecuadamente los contenidos fundativos de la bioética. En esa misma acción transmisora, se va forjando al mismo tiempo, una sensibilidad nueva en el agente moral que descubre y adquiere paulatinamente la virtud y que está en condiciones de juzgar y plantear con facilidad, competencia y seguridad, los juicios y desarrollos que afectan al campo de la vida del hombre.

Se trataría de honrar a la ciencia bioética ya que la pedabioética haría accesible a muchos lo que parece a primera vista oscuro e intricado. Aunque la pedabioética es parte de la educación, aquí viene considerada a su vez como parte de la misión pastoral de la Iglesia. La transmisión del saber es de gran importancia grande en el momento actual como ha recordado Benedicto XVI al calificar la situación cultural de “emergencia educativa”.

La pedabioética está llamada con el tiempo a ser parte integrante de la doctrina de la Iglesia en ese servicio integral a la verdad y dignidad del hombre. El receptor de este neologismo es fundamentalmente el “pueblo de la vida” (EV 101) y a todo hombre de buena voluntad que está abierto sin prejuicios a la vida eterna.

La legitimidad científica de la pedabioética será eclesiológica. El objetivo último no es sino formar al hombre según la verdad de su naturaleza inmutable, de su carácter creatural y al mismo tiempo absoluto, de su singularidad en el mundo actual. A nadie se le escapa que las investigaciones en la procreación, en la genética humana y clínica pueden hacer pivotar la concepción histórica del hombre. Si no existe una verdad sobre el hombre, cada manipulación nueva puede afectar al mismo ser y comprensión del hombre.

Medios de la pedabioética[editar | editar código]

Formar al pueblo de Dios a través de la acción cultural y pastoral de la Iglesia a todos los niveles es apremiante. Una específica pedagogía y destreza en la transmisión de los contenidos esenciales de la ética de la vida, de la ética clínica, del bioderecho deberían estar presente en algunos catequistas y en las normativas curriculares de formación de algunos agentes de pastoral. Un pedagogo no será un teórico de las biotecnologías, sino que tendrá claro el objetivo de poner al educando en la posibilidad de una concreta y correcta integración y unidad ante los cotidianos desarrollos biotecnológicos.

La pedabioética está llamada a formar personas capaces de discernir y resistir a los numerosos relativismos en este campo.

No podemos aquí en una obra general aportar metodologías concretas de actuación de la pedabioética.

Sí decir solamente que habrá que tener en cuenta al menos las siguientes líneas generales:

  1. Deberá discernir en las cuestiones bioéticas lo esencial de lo secundario.
  2. Organizará los contenidos concretos con un principio jerárquico de verdades interdependientes.
  3. Deberá comunicar con sencillez las secuencias didácticas de forma subsiguiente e interdependiente.
  4. Tendrá siempre en el horizonte de transmisión el Magisterio de la Iglesia.
  5. Deberá en la misma transmisión pedagógica forjar un sujeto virtuoso.

El hombre virtuoso, el hombre que se ha dejado penetrar por el anuncio catequético progresivo viene transformado; es capaz de juzgar, discernir, elegir, promover aquello que refleja y coadyuva a manifestar el valor singular e irrepetible del hombre y de su acción.

Actualmente la formación virtuosa del hombre deseada por la pedabioética se topa con la alternativa en muchos ámbitos del ideal humano propuesto por el cientificismo. Pero éste último como toda reducción y parcialidad antes o después se frena ante la evidencia de una verdad que le precede, a la que debe servir y contemplar para fomentar el progreso integral que supuestamente está llamado a conseguir. Sólo el hombre virtuoso es capaz de aunar ciencia con conciencia, es capaz de intuir y razonar la objetividad científica y no ideológica que la sabiduría humana está en condiciones de ofrecer. Ese servicio a la verdad integral que conlleva al auténtico progreso y desarrollo es la tarea del hombre virtuoso, objeto último del ser de la pedabioética.

BIBLIOGRAFIA[editar | editar código]

  • Bioethics Education: Diversity and Critique, The Journal of Medicine and Philosophy 16 (1991), 1-129.
  • G. Russo, Magistero Cattolico, veritá metafisica. Analisi filosofica e teologica degli interessi ideologici della bioetica, in Palestra del Clero, 70 (1991), 853-886.
  • G. de Virgilio, Morale e pedagogia, in Rivista de Teologia Morale 2 (1995), 225-260.
  • E. Combi, La formazione morale nella catechesi d’iniziazione cristiana, in F. Attard-P. Parlotti (eds). Studi in onore del Prof. Guido Gatti, LAS, Roma 2001, 119-146ss.
  • K.D. Clouser, Teaching Bioethics: Strategies, Problems, and Resources. The Hasting Center, New York 1980.

Notas[editar | editar código]

  1. Simón Vázquez, Carlos (Mayo 2012). «Voz: Pedabioética». Simón Vázquez, Carlos, ed. Nuevo Diccionario de Bioética (2 edición) (Monte Carmelo).