Etica ambiental

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La Ética Ambiental es una nueva disciplina que pone en cuestión la relación del ser humano con la naturaleza.

Comenzó en 1973, con la publicación de The Shallow and the Deep[1], la historia de la ecología profunda y la aventura ecosófica de Arne Næss, y se desarrolló un debate sobre la licitud de la misma ética ambiental, a través de la famosa pregunta de Richard Sylvan (Routley), Is There a Need for a New, an Environmental Ethic?[2].

La ética ambiental se puede entender como una de las muchas nuevas tipologías de filosofías aplicadas, Es decir, se puede entender como una aplicación de categorías filosóficas convencionales bien establecidas a los problemas prácticos ambientales emergentes. Por otro lado, también puede ser entendida como una exploración de los principios morales y metafísicos alternativos, impuestos a la filosofía por el tamaño y las dificultades de estos mismos problemas. Si la definimos en el primer modo, la tarea de la ética ambiental sería algo así como la de un campesino u obrero filosófico [...]. Si la interpretamos como una disciplina esencialmente teorética, no aplicada, la tarea más importante de la ética ambiental sería el desarrollo de una teoría no-antropocéntrica del valor. Por lo tanto, [...] sin una axiología no-antropocéntrica, las aspiraciones revolucionarias de la ética ambiental ‘teorética’ serían traicionadas, y el conjunto de la empresa se aplanaría en su lado más aplicado y ordinario”[3].

La ética ambiental trata desde un punto de vista racional los problemas morales relacionados con el medio ambiente. Esta rama de la ética tiene cada día más importancia, dado que los problemas ambientales están hoy muy presentes, pues nuestra capacidad de intervención sobre el medio es cada vez mayor. La idea de que la ética ambiental es sencillamente ética aplicada es errónea. Para empezar porque la ética se construye desde abajo hacia arriba, desde la experiencia moral hacia los principios más abstractos, y no al revés. La palabra ‘ética’ procede el griego (ethos), que significaba en principio morada y más tarde costumbre o carácter. La palabra ‘moral’ viene del latín (mos, moris) y quiere decir prácticamente lo mismo, también está relacionada con la morada y con la costumbre. Pues bien, la moral, como la morada, no se puede empezar por el tejado, como sugiere la idea de ética aplicada. Considerando la ética ambiental como ética aplicada damos a entender que ya disponemos de unos principios éticos generales, de validez universal y que lo único que tenemos que hacer es aplicarlos a los casos concretos en los que se dirimen problemas ambientales. Esta imagen de la ética induce a confusión. […] En definitiva, la reflexión ética es necesaria también cuando se dirimen cuestiones ambientales. Se requiere una base racional para tomar decisiones ambientales buenas y correctas desde el punto de vista moral[4].

La necesidad de la ética ambiental[5] está justificada ya que el ser humano necesite reflexionar sobre sus acciones, transformadas por los avances tecnológicos contemporáneos. Aunque colocado en un entorno/ambiente tecnológico, de hecho, “nuevo” para la historia de la humanidad, aunque haya aumentado la gama de sus poderes y de sus logros, aunque el peso de las consecuencias de sus acciones pudiera ser mayor y quizá más penetrante en el espacio y en el tiempo que hace unos años y siglos, hoy en día el ser humano sigue actuando como tal, al igual que hace miles de años. La tecnología ha logrado cambiar el contexto y los medios de la acción humana, pero no su naturaleza –ni tampoco la naturaleza del “agente”, es decir, el sujeto de la acción. La ética, como una reflexión sobre la acción humana –sobre sus fines, medios, circunstancias, y así sucesivamente– se mantiene sin cambios, tal como no cambian su objeto material ni su objeto formal.

La ética ambiental sigue siendo hasta la fecha una pregunta sin respuesta; o, para ser más precisos, todavía no está suficientemente discutida. No parece conveniente conformarse con una respuesta como “el anti-antropocentrismo es a menudo considerado como un punto de partida común para la ética ambiental” [6].

“La Environmental Ethics [...] no puede ser considerada sólo como una de las muchas applied ethics que surgieron en el contexto anglosajón, sino más bien como una filosofía que tiene por objeto especifico de su investigación la manera en el que el ser humano vive en el mundo, y, con ello, su posibilidad de habitar”[7].

El término “ética ambiental”, si lo analizamos a partir de una perspectiva clásica y de pasado, carece de sentido[5]. Si la ética es la disciplina que tiene que ver con las acciones, parece absurdo pensar que el ambiente sea un sujeto capaz de actuar, ya que el actuar tiene que ver con la libertad, y –en última instancia– con la racionalidad. A lo mejor el ambiente podría ser el objeto de acciones humanas, pero nunca un sujeto. Sería, entonces, más adecuado hablar de una “ética de la relación humana con el medio ambiente”, para explicar cuál es el centro teórico de esta disciplina (la modalidad de la relación humana con el ambiente), pero la necesidad de síntesis nos exige volver a utilizar la expresión más difundida en el ámbito académico, tanto eficaz cuanto imprecisa: “ética ambiental”.

En cuanto a la ética ambiental en el futuro[5], podrá, quizás, heredar una parte significativa de la tradición de la filosofía de la naturaleza y de la filosofía de la técnica, volviendo a poner al centro de sus reflexiones la relación humana con el ambiente, que, hoy en día, está radicalmente afectado por la tecnología. La necesidad de una ética ambiental orientada al futuro no es, pues, una necesitad simplemente “practica”, de respuesta a algunos problemas puntuales que han surgido con los recientes desarrollos tecnológicos, sino también una necesidad teorética, es decir, de buscar el sentido (logos) de nuestro habitar la casa (oikos) del mundo. En ese sentido, la ética ambiental del futuro tendrá que descubrir la dimensión ecológica (justamente, oikos-logos) de nuestra relación con el planeta.

La ética preocupada por las acciones humanas– y al mismo tiempo teorética, mantiene con la Ética Ambiental como centro especulativo nuestra relación con toda la naturaleza.

  1. Næss, A. (1973). «The shallow and the deep, long‐range ecology movement. A summary.». Inquiry. An Interdisciplinary Journal of Philosophy; 16(1-4): 95-100. 
  2. Sylvan, R. (1973). «Is There a Need for a New, an Environmental Ethic?.». Proceedings of the XV World Congress of Philosophy, n. 1, Sofia Press, Varna, 205-210. 
  3. Baird Callicott, J. (1984). «Non-Anthropocentric Value Theory and Environmental Ethics.». American Philosophical Quarterly. 21(4): 299. 
  4. Marcos, A. (2001). Ética ambiental. Universidad de Valladolid, Valladolid,17-19. 
  5. 5,0 5,1 5,2 VALERA, L. (2016). «Introducción.¿ Qué es la ética ambiental? Desde sus raíces hacia el futuro.». Cuadernos de Bioética, 27(3), 289-292. 
  6. Sheppard, J.W., Light, A. (2007). «in: Preston, C.J., Ouderkirk, W. (eds.). Nature, Values, Duty. Life on Earth with Holmes Rolston, III, Springer, Dordrecht, 221-236, 222.». Rolston on Urban Environments. 
  7. Valera, L. (2014). «Un nuovo cancro per il pianeta? Natura ed essere umano nell’etica ambientale contemporanea.». Teoria. Rivista di filosofia; XXXIV(2): 175-192, 179.