Personalismo

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El Personalismo es un movimiento filosófico que comienza a finales del siglo XIX, y que adquiere fuerza a partir de 1930. Posteriormente, en la década de los 60 y 70 del siglo XX, sufrirá un arrinconamiento por el predominio de corrientes de pensamiento como el marxismo o la revolución sexual, para volver a recuperar presencia en la sociedad a partir de la década de los 80[1].

Emmanuel Mounier (1905-1950). Fundador del movimiento personalista y de la revista Esprit.

Orígenes del Personalismo

Para entender el Personalismo es importante conocer el contexto en que surgió. Los factores culturales y sociales más relevantes de la Europa de la primera mitad del siglo XX[2].

El positivismo y el cientificismo

Los logros numerosos de la ciencia llevaron a una enorme valoración del método experimental, del conocimiento científico y de las realidades físicas. que quizá se podría denominar materialismo intelectual. La causa próxima de esta mentalidad la podemos encontrar en el tremendo éxito alcanzado por la ciencia experimental. Frente a las oscuridades que presentaban las ciencias humanas, las jergas ininteligibles de los filósofos idealistas y la continua puesta en discusión de lo que ya parecía sólidamente establecido, la ciencia experimental aparecía como un modo de saber seguro, preciso, acumulativo y con unas repercusiones prácticas increíbles e inesperadas (teléfono, luz eléctrica, automóvil, aviación, etc.).

Todo esto llevó a muchos a pensar que el método científico era el único método de conocimiento válido y que las únicas dimensiones que realmente existían eran las físicas y materiales, aquellas que se podían controlar mediante ese método de conocimiento. Se empezó a considerar que los aspectos de la realidad que quedaban fuera del alcance de este método eran entidades ficticias, inventadas por la inteligencia del hombre, y que no tenían una existencia auténtica.

La teoría de la evolución supuso un apoyo importante para esta visión puesto que -en su versión radical- afirmaba que el hombre no era más que un producto de la evolución a partir de elementos materiales simples de carácter físico. No había en el hombre, por tanto, una dimensión espiritual ni capacidades espirituales, sino habilidades con origen en una realidad material más evolucionada que en las plantas y animales.

Esta versión radical de la teoría de la evolución condujo, por otro lado, a un descrédito de la religión, puesto que «explicaba» de modo científico realidades que para la religión tenían un origen sagrado. La religión aparecía así como un intento por parte del hombre de justificar su propia ignorancia. Se pensaba: no sabíamos cuál era el origen del hombre, y la religión se inventó una explicación acerca de ello, pero ahora la ciencia nos ha dicho la verdad sobre este asunto y la religión ha quedado desenmascarada. El paso siguiente era fácil de dar: las demás explicaciones que proporcionaba la religión sobre otros asuntos oscuros no eran más que invenciones que se sostenían porque la ciencia no había logrado explicarlas todavía. Era cuestión de esperar que ésta avanzase lo suficiente y caerían por su propio peso.

El resultado de esta mentalidad supuso un descrédito importante de las ciencias humanas, un replegamiento y complejo de inferioridad de la religión y también un rechazo a considerar desde el punto de vista intelectual las dimensiones trascendentes de la persona y, consecuentemente, a aceptar y creer en valores trascendentes. Los saberes que adquirieron prestigio fueron los que más se acercaban a las ciencias matemáticas y experimentales, acercamiento que pretendieron realizar muchos de ellos. En esta línea se sitúa, por ejemplo, la teoría de los tres estados de Comte, fundador del positivismo: el primero, que correspondía a la fase más oscura de la humanidad, era el religioso, a éste seguía el metafísico y, por último, llegaba el realmente válido, el científico. Surgió así, por ejemplo, el auge de la lógica en el interior del círculo positivista de Viena, proyectos como la famosa búsqueda de un lenguaje universal más cercano a la matemática, el declive de la antropología filosófica y, con mas motivo, de la metafísica, etc.

El auge del individualismo y de los colectivismos

El colectivismo y el individualismo son las dos formas de pensar en la primera mitad del siglo XX [2]

El individualismo

Es una mentalidad difícil de definir puesto que sus rasgos ideológicos son difusos. No es una corriente teórica como el marxismo o el fascismo ni tiene ningún pensador que sea el punto de referencia. Se puede decir que se caracteriza por tres rasgos:

  • Ética utilitarista: maximización del placer y minimización del dolor. Una acción es válida si maximiza o minimiza el placer o el dolor del mundo.
  • Defensa de los derechos del indivíduo por encima de cualquier colectivo. Autonomía soberana del individuo solo limitable por el daño a terceros.
  • El capitalismo. No intervención del estado en la economía, sino sólo el mercado, ya que éste es capaz de autoregularse a través de una “mano invisible” que actúa oculta pero eficazmente en el sistema. La búsqueda del beneficio individual genera, a través de estos mecanismos invisibles, el bien de la colectividad.

Los colectivismos

Frente al individuo, la colectividad, frente al individualismo el colectivismo. El individuo, debía olvidarse de sus derechos y unirse con otras fuerzas para salvar a su clase o a la patria, entregándose a un destino que le superaba pero que le daba más sentido que la búsqueda de su beneficio. Hegel había teorizado la prioridad del sistema sobre el individuo y, dentro del sistema, la preeminencia del Estado como forma perfecta y moderna de organización política. Pero Hegel postulaba un estado de derecho, mientras que, en los colectivismos los derechos de los individuos quedaban sometidos totalmente al poder de la colectividad en la forma que esta adoptara: raza, pueblo, nación, etc.

El marxismo

Surgió en parte como respuesta a esta situación de explotación del individuo por el capital. Marx propuso una teoría para explicarlo y para resolverlo: el marxismo. Marx proponía un paraíso en la tierra al que se llegaba mediante la lucha contra el mal (el capitalismo). El comunismo era como una nueva mística, una nueva religión que partía de una verdad: la situación miserable de muchos obreros en la Europa de aquella época. Frente a las vaguedades y oscuridades de algunas propuestas filosóficas, Marx proclamaba que la filosofía no debía comprender el mundo sino transformarlo. De este modo atraía a aquellos intelectuales que no querían permanecer en la mera teoría, sino utilizar su inteligencia para transformar en lo posible la sociedad. Lamentablemente el marxismo estaba cerrado completamente a la trascendencia y a la religión (a la que, como es sabido, denominaba como el opio del pueblo). Ese impulso utópico de liberación inicial desembocó pronto en una cruel maquinaria que instaló un régimen del terror en Rusia que aniquiló a todos sus opositores. Por tanto, si inicialmente se podían detectar elementos morales constructivos en la lucha por establecer el comunismo, pronto sólo quedó el ansia de poder y de dominio, y el deseo de extender este control al mayor número de países utilizando el marxismo como arma ideológica para crear inestabilidad y subversión.

El fascismo y nazismo

Junto al marxismo aparecieron en el siglo XX otros dos movimientos totalitariosen este caso de derechas: el nazismo y el fascismo. A diferencia del marxismo, que era un movimiento universal, éstos eran locales. El nazismo propugnaba la supremacía de la raza aria sobre todas las demás. Y de ahí deducía su derecho a dominar sobre todos los pueblos. Aunque por muy enfrentados que acabaran el marxismo y el nazismo, ambos compartían una matriz totalitaria que condujo, como es sabido, a resultados nefastos para la humanidad. Esta raíz tiene una matriz teórica común en Hegel.

Tanto para el marxismo como para el nazismo el individuo no es más que una entidad pasajera que debe ponerse al servicio de algo más grande para encontrar su justificación y su sentido: la revolución, en el caso del marxismo, o el Imperio de la raza aria, en el nazismo. La necesidad de una respuesta El inicio del siglo XX presentaba dos grandes movimientos de signo opuesto, pero ambos indiferentes a la persona concreta: el individualismo liberal y los totalitarismos. Eran movimientos no sólo teóricos, sino importantes movimientos sociales que implicaban a millones de personas. Esa tensión social condujo a sucesos como las dos Guerras Mundiales. Se comprende, por tanto, que, ante esta angustiosa realidad, diversos pensadores sintieran la necesidad de elaborar una respuesta intelectual que pudiera contribuir a resolver las cuestiones tan graves que estaban en juego.Sin rechazar el legado tradicional, resultaba evidente que era necesario algo más. Había que recoger de la modernidad todos los elementos positivos que fuera posible encontrar y proponer un nuevo proyecto cultural e intelectual capaz de abrirse un hueco en la cultura europea. La presión del liberalismo y del marxismo no dejaba espacio para una teoría meramente especulativa. La sociedad necesitaba una teoría con una estructura interna tal que permitiese la elaboración de un proyecto social alternativo al individualismo y al colectivismo. Poco a poco se haría patente que esa alternativa genuina se podía encontrar en la noción de persona, lo que daría lugar al nacimiento del pensamiento personalista.

La noción de persona

El término persona es una noción antigua de origen cristiano. Pero tomar a la persona, a la experiencia de ser persona y de encontrarse con otras personas, como punto de partida del pensamiento filosófico era un camino nuevo que todavía no se había recorrido. Y era un camino, además, que parecía ofrecer las respuestas que se buscaban. La persona, por un lado, era un término esencialmente moderno y cercano a otros conceptos modernos como la subjetividad o la libertad. Además, entendida, como ser subsistente y autónomo pero esencialmente social, se presentaba como un posible punto de salida a la tenaza que formaban el individualismo y el colectivismo. La persona, por otra parte, no era el individuo aislado del liberalismo, sino un ser eminentemente social y comunitario y, si se aceptaba, su trascendencia, se convertía en un valor en sí mismo, con lo que se colocaba por encima de cualquier colectivismo. Era, además, una noción práctica en el sentido de que tampoco hay un camino excesivamente largo entre la persona y la teoría social o política ya que la sociedad no es otra cosa que un conjunto de personas en acción. Diversos pensadores vieron en la noción de persona la clave para elaborar la respuesta que se necesitaba a la compleja situación cultural y social en la que se encontraban. El resultado fue la corriente filosófica conocida con el nombre de Personalismo. La primera formulación profunda y sistemática se realizó en Francia gracias al trabajo de personalidades como Maritain, Nédoncelle, G. Marcel y, sobre todo, Emmanuel Mounier.

Influencias filosóficas del Personalismo

Se pueden encontrar ideas pensadores que van a influenciar notablemente en los diversos personalistas.

Kant y la dignidad de la persona

Kant influye en el Personalismo como inspiración sobre todo a través de su formulación filosófica de la dignidad de la persona. “los seres racionales llámanse personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos, esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medios, y, por tanto limita en este sentido todo capricho (y es objeto de respeto)”. Tesis de la que deduce el imperativo categórico: “obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”. Los objetos tienen precio, el hombre tiene dignidad.

Kierkegard y el existencialismo

Un peso mayor en el surgimiento del Personalismo lo tiene el existencialimso iniciado por Kierkegard. Frente a Hegel, Kierkegard se convierte en el profeta del individuo concreto, de la existencia individual y específica. Frente a cualquier abstracción inexistente, el individuo singular se presneta como el valor primario y absoluto por excelencia, hasta el punto de que es capaz de alzarse por encima de su propio género: la humanidad. Kierkegard aportó, además otras ideas de gran trascendencia, como la relavancia antropológica de la interpersonalida y, en particilar, de la relación del hombre con un Dios-Persona. El espíritu humano se define mucho más por sus relaciones personales, que por su relación con objetos. También abrio una vida de tipo ético al insistir en el carácter dramático y angustioso de la vida y en la capacidad del hombre de hacerse a sí mismo.

Husserl y la fenomenología

Husser evita el positivismo científico y el hegelianismo donde se había formado descubriendo el método fenomenológico, que consistía fundamentalmente en ponerse frente a la realidad eliminando todos los pre-juicios y visiones preconcebidas para intentar ver lo que ésta, sin más, presentaba; para captar las esencias en toda su pureza epistemológica. Formó a su alrededor unos discípulos: grupo de Gotinga, que después en su mayoría desarrollaron el Personalismo.

El tomismo

León XIII(1879) había convertido el tomismo en la doctrina oficiosa de la iglesia católica. Muchos de los filósofos personalistas eran católicos, y conocieron bien el tomismo. Este les daba un soporte de filosofía realista pero la actitud de cada uno de ellos ante el tomismo fue muy diversa. En general no usaron los conceptos básicos del tomismo, aunque les sirviese de cimiento.

Crisis y renovación cultural del catolicismo

El cristianismo había dejado de influir en la cultura. Es más en muchos casos diversas teorías se enfrentaban con enseñanzas del cristianismo: evolucionsmo, marxismos, psicoanálisis, Nietzsche, el arte. La enseñanza filósófica de inspiración cristiana había perdido la partida. La iglesia propuso la renovación de la enseñanza del tomismo. Muchos filósofos personalistas que eran católicos fervientes pensaron que era necesario buscar en las mismas raices del cristianismo una nueva inspiración que permitiera entrar en diálogo con la filosofía moderna, y descubrir también sus virtualidades. “Era necesario desprenderse del lastre griego”[3] tomista y abrir nuevas fuentes. Este trabajo dio lugar a conceptos nuevos o profundamente renovados: persona, corporeidad, amor, corazón relaciones interpersonales, etc.[4].

Corrientes personalistas

Agrupamos aquí a los diversos planteamientos con los que se enfoca el Personalismo[1]:
Distribución de los personalistas

Personalismo comunitario

Es la corriente que sigue de cerca a Mounier. Se caracteriza por:

  • dar gran relevancia a la acción y a la transformación social;
  • no enfatizar el aspecto filosófico o académico

Personalismo dialógico

Agrupa a los que ponen especial énfasis en la interpersonalidad como elemento clave en la construcción y en la interpretación de la antropología. Su principal representante es Martin Buber

Personalismo ontológico clásico

Agrupa a aquellos personalistas que utilizan muchos elementos de la filosofía clásica, y en particular del tomismo. El filósofo de referencia es Jacques Maritain.

Personalismo ontológico moderno

Agrupa a aquellos filósofos que teniendo en cuenta la filosofía clásica buscan hacer una síntesis con la filosofía moderna. Sus principales representantes son Wojtyla y Edith Stein.

Principales representantes del Personalismo

El Personalismo comienza básicamente con Emmanuel Mounier [5]. En su breve pero intensísimo recorrido vital, de 1905 a 1950, este filósofo francés fue capaz de crear, desarrollar e impulsar, en torno a la revista Esprit, la filosofía y el movimiento personalista que tan amplia repercusión tuvo en los círculos culturales, sociales e incluso políticos de su tiempo. Aquí los vamos a agrupar por nacionalidades [1]

Personalistas franceses

  • Jacques Maritain (1882-1973): el Personalismo tomista.
  • Emmanuel Mounier (1905-1950): el Personalismo comunitario
  • Maurice Nédoncelle (1905-1976): el Personalismo metafísico.
  • Gabriel Marcel (1889-1973): El Personalismo existencialista

Personalistas polacos

  • Karol Wojtyla (1920-2005): la renovación de la perspectiva clásica desde la fenomenología: la Escuela ética de Lublin
  • Wincently Granat (1900-1979): Personalismo teológico
  • Czeslaw Bartnik (1929): Personalismo universalista

Personalistas italianos

  • Luis Stefanini (1891-1956): fundador y principal representante del Personalismo en Italia.
  • Luici Pareyson (1918-1991): Personalismo ontológico

Personalistas alemanes

  • Romano Guardini (1885-1968): el educador.
La fenomenología realista
  • Max Scheler (1874-1928): El formalismo en la ética y la ética material de los valores.
  • Dietrich von Hildebrand (1889-1977): el valor de la afectividad: El corazón.
  • Edith Stein (1891-1942): confluencia de la metafísica y la fenomenología
Los filósofos del diálogo
  • Ferdinand Ebner (1882-1931): iniciador en alemán. La relación Yo-Tú
  • Emmanuel Levinas (1906-1995): el comienzo de la filosofía es el descubrimiento del rostro del otro
  • Martin Buber (1878-1965): la relación interpersonal.Yo y tú.
  • Franz Rosenzweig (1886-1929)

Personalistas españoles

  • Xabier Zubiri (1898-1983): la inteligencia sentiente
  • Pedro Laín Entralgo (1908-2001): la antropología personalista tradicional y los problemas bioéticos.
  • Julián Marías (1914-2005)
  • Leonardo Polo (1926-2013)

¿Existe una filosofía personalista?

Para algunos el Personalismo murió con Mounier. Ricoeur, discípulo directo de Mounier, en un famoso artículo dice: “Muere el personalismo, vuelve la persona[6]. La razón fundamental que esgrime es que “no fue lo bastante competitivo para ganar la batalla del concepto”. Sus aportaciones no tuvieron la calidad y complejidad necesaria para forjar una filosofía fuerte. Por eso, una vez asumidas por el contexto social y cultural, su atractivo decayó y, con él, su fuerza, hasta acabar desapareciendo. Consecuentemente, para Ricoeur no tendría sentido continuar ni con el término ni con el proyecto del Personalismo [7]. Lo mismo piensa Lacroix, otro de los discípulos de Mounier [8]. Más modernamente Josef Seifert ha puesto en duda que el Personalismo sea una corriente filosófica [9]

El mismo Mounier, osciló en la consideración de su pensamiento como una verdadera filosofía. Con frecuencia habló de movimiento inspirador, negando su carácter de sistematización filosófica[10]. En otras lugares en cambio introduce el término "filosofía personalista" al comparar el personalismo y el existencialismo [11]

Además el Personalismo tiene un iniciador que es Mounier, pero, a diferencia de otros sistemas filosóficos, no constituye una figura que constituye el paradigma de la filosofía personalista. El conjunto de filósofos del siglo XX y XXI que se pueden englobar en el paraguas del Personalismo son figuras diversas entre sí, con desarrollos filosóficos distinto. Sin embargo los que defienden que sí que se puede hablar de una filosofía personalista, encuentran temas comunes que se desarrollen o no por cada uno son asumidos por los diversos planteamientos.

Para estos, el Personalismo, definido a partir de este conjunto de autores, no sólo no ha desaparecido sino que continúa vigente y posee una consistente solidez especulativa.

Características del Personalismo

¿Cuáles rasgos lo caracterizan, independientemente de los desarrollos que puede hace cada autor calificado de personalista?

Es una filosofía realista

El una filosofía que se adscribe a la tradición realista pero que aborda la realidad desde una una perspectiva nueva y peculiar.

  1. Visión ontológica o metafísica del mundo: busca una explicación última, más allá de los datos científicos o empíricos.
  2. La consistencia ontológica última de la realidad es la persona, que no es un mero sucederse de acontecimientos sino que mantien su identidad (sujeto subsistente) a lo largo del tiempo. Aunque en la mayoría de los casos se rechaza el concepto de sustancia aristotélico-tomista.
  3. Existe una naturaleza humana, es decir, que todos los hombres son esencialmente similares, pero sin explicar la naturaleza desde las categorías aristotélicas que hacen muy difícil integrar la libertad humana.
  4. Epistemología realista. Hay una realidad objetiva que puedo conocer, que es distinta de mí, y que puedo comunicar a los demás. Esto no quita que en el conocimiento haya aspectos subjetivos que surgen del yo que conoce y de la cultura en la que se da ese conocimiento.
  5. La constatación de la libertad humana, frente a cualquier determinismo. De ahí provendrá el carácter también absoluto de la dignidad humana. Pero una libertad no sólo como la idea clásica de acción, sino libertad sobre todo como autoposesión y autodeterminación. Se hace hincapié en que no sólo se trata de poder elegir, sino de tener conciencia de que nos construimos mediante las elecciones que hacemos. Poder decidir no sólo qué queremos ser, sino quienes queremos ser: nos construimos con la libertad.
  6. La persona puede descubrir el bien y el malo. El Personalismo lo ve como una cualidad que es autorreferencial y autoperfectiva, y no como una determinación que me viene desde fuera.
  7. La dimensión religiosa. El hombre encuentra en su interior su grandeza y descubre sus limitaciones. Eso le abre a lo trascendente. Pero como él es persona, no puede dejar de entender que está ante un alguien, ante una persona. Esto produce la convicción de que lo primero en el orden del ser es la persona y no el ente.

El giro personalista: del qué al quien

El pensamiento filosófico se centra en el hombre a partir de Descartes y de Kant, sin embargo no desarrollaron el tema de la persona, ni tampoco el del individuo concreto. A partir de Kieerkegaard se presta más atención a la persona concreta e individual, y se desarrolla un proceso intelectual que transforma al anónimo sujeto racionalista en una persona singular e irrepetible. Un qué con naturaleza humana se ha convertido en un quién personal irreductible [12] que estudian prácticamente todos los filósofos personalistas.

Estructura tridimensional de la persona

Frente a la explicación clásica del hombre como compuesto de alma y cuerpo, los personalistas distinguen tres niveles en la persona: el somático, el psíquico y el espiritual. Con esto se evita todo dualismo y se dispone de una estructura antropológica que permite un análisis más detallado y completo de conceptos de orden psíquico, emocional, vivencial, etc. [1]

Afectividad y subjetividad en el Personalismo

Dietrich von Hildebrand ha sido quien con más fuerza ha reivindicado la central de la afectividad y del corazón, aunque todos los personalistas han procurado superar la antropología clásica que ensalzaba el intelecto y la voluntad en detrimento de la afectividad, por su presunta irracionalidad y su carácter no espiritual. La afectividad hay que enmarcarla en el contexto de la subjetividad y de la conciencia. Para los personalistas:

  • Sentir no es conocer, ni querer, sino el modo en el que el sujeto tiene presente ante sí mismo lo que experimenta, conoce y vive.
  • Este rasgo antropológico se extiende a la triple estructura personal: somo, psique, y espíritu. Ha afectividad corporal, el modo en el que sentimos el cuerpo. Hay afectividad psíquica: las emociones. Y hay afectividad espiritual: las relaciones de afecto interpersonales [1].

La interpersonalidad

La interpersonalidad es el lugar antropológico para la autorrealización de la persona mediante la donación. La persona debe darse a través de la relación para constuirse a sí mismo en un proceso paradójico que convierte la salida de sí en un enriquecimiento y fortalecimiento de la propia identidad.

Primacía de la acción y del amor en el Personalismo

El Personalismo revaloriza la voluntad, como libertad autodeterminativa, como superior ante la actividad puramente intelectual. Esta orientación ha permitido comenzar a tratar muchos ámbitos que la tradición escolástica solo había esbozado: el trabajo, la estética, la economía, la filosofía social y la política, etc. [1]. El elemento decisivo para la orientación de la actividad humana, y lo que da sentido a las relaciones interpersonales es el amor. Entendido no como "acto genérico de la voluntad, dino como un tipo peculiar de relación interpersonal[13].

Corporalidad. Sexualidad. El hombre como varón y mujer

La corporeidad entra en el Personalismo como una realidad personal, superando una visión meramente biológica sobre la que incidiría el espíritu. El cuerpo es la dimensión somática de la persona. El cuerpo no puede tener un carácter de instrumento de la persona. No existe cuerpo sin persona. La sexualidad es una dimensión particular del ser persona, radicada en la biología, pero que la trasciende afectando a la misma constitución del sujeto. La persona no solo posee una biología masculina o femenina, sino que se es persona masculina o femenina, porque el carácter sexuado afecta a todas las estructuras humanas.

El Personalismo comunitario

El Personalismo se sitúa como punto de anclaje y de referencia entre los extremos del individualismo liberal y los colectivismos, afirmando la dignidad del individuo y la exigencia de su característica solidaria. En la práctica influyó en líderes y en formaciones políticas de gran influencia después de la segunda guerra mundial. Se puede notar su influencia en algunas Constituciones Nacionales (Alemania, Italia, España)[14], o en la formulación de la Declaración de los Derechos del Hombre proclamada por la ONU en la que Jacques Maritain desempeñó un papel de relieve[1].

Incidencia en otras áreas

Los principios antropológicos del Personalismo se han extendido a otros ámbitos de la ciencia humana.

Bioética personalista

Artículo principal: Bioética personalista

La expansión se ha producido sobre todo a partir del trabajo de Elio Sgreccia[15], y del grupo de trabajo de la FIBIP (Federación Internacional de Centros de Bioética de inspiración personalista).

Psicología personalista

Por una parte se ha producido un diálogo con la psicología humanista de Rogers, Maslow, etc, y sobre todo la logoterapia de Viktor Frnakl, que propiamente es personalista. Pero además se está desarrollando una formulación psicológica propiamente personalista, en España, por X.M. Dominguez, y J.L.Cañas.

Diálogo personalismo - comunitarismo contemporáneo

Sobre todo con McIntyre, Taylor, Etzioni, Sandel, Walzer, etc., sobre todo buscando que el Personalismo no se quede centrado exclusivamente en la persona, y en las relaciones interpersonales, sino que se abra a estructuras sociales más amplias: grupos, barrios, y otras más complejas[1].

Otras voces

Referencia bibliográfica

Notas

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 1,5 1,6 1,7 Burgos, Juan Manuel (2012). Introducción al personalismo. Palabra. ISBN 978-84-9840-646-7. http://books.google.es/books?id=Cb-iYcIB37wC. 
  2. 2,0 2,1 Landsberg, Paul Luis (2006). Para entender el Personalismo. Fundación Emanuel Mounier. ISBN 9788495334954. 
  3. Burgos, Juan Manuel (2007). Repensar la naturaleza humana. Eiunsa. pp. 58-64. ISBN 9788484692065. 
  4. Mounier, Emmanuele (2002). Personalismo y cristianismo, en El Personalismo: Antología esencial. Sígueme. pp. 541, ss. ISBN 9788430114610. 
  5. Burgos, Juan Manuel (2004). El personalismo. Temas y autores de una filosofía nueva. Palabra. ISBN 9788482394404. 
  6. Ricoeur, Paul (enero 1983). «Meurt le personnalisme, revient la personne». Esprit. http://www.esprit.presse.fr/archive/review/article.php?code=17473. Consultado el 16 de julio de 2013. 
  7. Juan Manuel Burgos. «El personalismo, hoy» (en español). Consultado el 16 de julio de 2013.
  8. Lacroix, Jean (1973). El personalismo como anti-ideología. Guadiana. ISBN 8425101204, 9788425101205. 
  9. Seifert, Josef (abril 2013). «Sobre el libro de Juan Manuel Burgos: Introducción al personalismo». Persona. Revista Iberoamericana de Personalismo Comunitario (22). ISSN - 4693 1851 - 4693. http://www.personalismo.net/persona/sobre-el-libro-de-juan-manuel-burgos-introducci%C3%B3n-al-personalismo. 
  10. Mounier, Emmanuele (2002). ¿Qué es el personalismo?, en El Personalismo: Antología esencial. Sígueme. pp. 669, ss. ISBN 9788430114610. 
  11. Mounier, Emmanuel (1967). Introducción a los existencialismos. Guadarrama. pp. 89. ISBN 9788425000058. 
  12. Burgos (ed.), Juan Manuel (2011). El giro personalista: del qué al quien. Fundación Emmanuel Mounier. pp. 186. ISBN 9788496611740. 
  13. Moureaux, Jean (2001). Sentido cristiano del hombre. Palabra. pp. 360. ISBN 8482395246, 9788482395241. 
  14. Paini (coord.), Roberto (1982). La idea personalista en las Constituciones Nacionales. Fundación Humanismo y Democracia. 
  15. Sgreccia, Elio (2009). Manual de Bioética. BAC. 

Bibliografía

  • Urdanoz T., Historia de la Filosofía IV, Ed. B.A.C., Madrid 1991.
  • Coreth, E., ¿Qué es el hombre?, Ed. Herder, 6ª ed., Barcerlona 1991. ISBN 978-84-254-1038-3
  • Cruz Prados, A., Historia de la Filosofía Contemporánea, Ed. Eunsa, España 1991. ISBN 978-84-313-0987-9
  • Lucas, Ramón. Bioética para todos. Editorial Trillas. México 2003.
  • Burgos, Juan Manuel. El Personalismo. Biblioteca Palabra, Madrid 2000. ISBN 978-84-8239-440-4
  • F. Ebner, La palabra y las realidades espirituales, Caparrós, Madrid 1995.

Enlaces externos