Preembrión

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El término preembriónha tenido una historia corta pero de gran trascendencia,

El Tribunal Supremo de EE.UU., en la sentencia Roe vs. Wade de 1973, no quiso pronunciarse sobre el momento en que comienza la vida humana. Con este antecedente y con el nacimiento en 1978 de Louise Brown, la primera niña probeta, el más antiguo de los comités de bioética –el británico Ethics Advisory Board (EAB)– abordó la consideración de los aspectos éticos de la fecundación in vitro (FIV) y la posibilidad de investigar con embriones para mejorar estas técnicas [1].

La regla de los 14 días

Según el informe del 4-05-1979 [2], el embrión humano, en los primeros días, es solo una forma incipiente de vida humana, con una elevada mortalidad natural, y no un individuo, pues la aparición de la “línea primitiva” es uno de las condiciones fundamentales de la individuación del embrión [3]. Se aceptó fijar un intervalo de 14 días después de la fecundación, durante el cual se consideraba que el embrión humano no tenía estatuto especial y era “éticamente” aceptable usarlo para experimentar [4]. En ningún lugar del informe se usó la palabra “preembrión”.

El EAB, que entre sus miembros no contaba ningún especialista en embriología humana, fue probablemente el primero en proponer la regla del día 14, que vino a decir que el embrión humano en la primera fase de su desarrollo es merecedor de respeto, pero no el mismo que se debe a una persona. Sus recomendaciones no fueron aprobadas por las autoridades en aquel momento. En 1980 el EAB dejó de existir.

En 1979 se publicó el primer artículo en la literatura científica que usó términos como “preembrión” o periodo “preembrionario”. Su autor era el americano Clifford Grobstein [5]. Unos meses antes el EAB había concluido su informe sobre la FIV, y en medio de la polémica suscitada por el informe, el artículo de Grobstein pasó prácticamente desapercibido.

En 1982 se constituyó en Gran Bretaña una comisión de expertos presidida por Mary Warnock para estudiar una posible regulación legal de la FIV. El informe resultante, publicado en julio de 1984, tuvo una gran influencia no solo en la legislación británica, sino también en las de muchos otros países.

De ser humano a masa de células

El desacuerdo entre los miembros de la comisión sobre si se debería permitir la experimentación con embriones humanos estuvo a punto de llevarles a desistir sin concluir el informe. Pero finalmente, se aceptó una solución de compromiso propuesta por Warnock: que solo se pudiera experimentar con embriones durante los 14 días siguientes a la fecundación. Ante la división de opiniones en su seno, la comisión decidió no pronunciarse sobre la cuestión fundamental: cuándo el embrión comienza a ser persona; se limitó a otra más práctica: con qué respeto había que tratarlo [6].

Fue en Gran Bretaña donde el término “preembrión” realmente hizo fortuna, pues apareció cuando era más necesario. En 1984, cuando comenzaron a debatirse en el Parlamento británico las recomendaciones del informe Warnock, se extendía la oposición a la experimentación con embriones. Una propuesta de prohibirla (el proyecto de Ley de Protección de los Niños no Nacidos, presentado por el diputado Enoch Powell) había obtenido una amplia mayoría a favor en su segunda lectura, en febrero de 1985. Justo en ese momento apareció en escena el término “preembrión”, y cambió el curso de los acontecimientos.

El Medical Research Council (MRC) propuso redefinir el embrión. En marzo de 1985 anunció la creación de un nuevo organismo para supervisar la FIV y la investigación con embriones, la Voluntary Licensing Authority (VLA), hasta que se aprobara la ley al respecto. El término “preembrión” se usó en una de las primeras reuniones del VLA, y se incluyó en unas directrices para el trabajo clínico y de investigación. El pasaje en cuestión decía: “Al conjunto de células que se dividen hasta la constitución de la línea primitiva, proponemos que se le dé el nombre de preembrión”.

El término empezó a ser difundido por científicos partidarios de la experimentación con embriones. Se insistió en que el “preembrión” que se usaría para investigar no era un individuo humano, sino una masa de células indiferenciadas a partir de las cuales se podría desarrollar luego un individuo humano, por lo que debería permitirse hacer experimentos con él, durante los primeros catorce días. En segundo lugar, se subrayó que tales investigaciones podrían reportar enormes ventajas contra la infertilidad y las enfermedades de origen genético. Tercero, se dijo que las objeciones procedían de ignorancia causada por prejuicios religiosos, en contraste con los argumentos racionales basados en datos científicos. En 1990, los partidarios de la investigación acabaron ganando la batalla en el parlamento con ayuda del término “preembrión”, justo cuando empezaba a caer en desuso.

Bibliografía utilizada

  • Ferrer Colomer, Modesto; Pastor, Luis Miguel (septiembre-diciembre de 2012). «The Preembrio's short lifetime. The History of a word». Cuadernos de Bioética (79): 677-694. Consultado el 16 de marzo de 2013. 

Notas

  1. «Britain´s Test Tube Babies». Nature: 298-408. 1982. 
  2. Report of the Committee of Inquiry into Human Fertilization and Embryology. 1984. 
  3. Grobstein, C. (1982). «The Moral Uses of ‘Spare’ Embryos. Hastings Cent Rep. pp. 5-6. 
  4. Report of the Committee, op. cit. p. 66. 
  5. Grobstein, C. (1979). «External Human Fertilization». Sci Am. 
  6. . Department of Health and Social Security (1984). Report of the Committee of Inquiry into Human Fertilization and Embryology. p. 66.