Tabaquismo

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Introducción[editar | editar código]

Cigarrillos de tabaco

El 1 de enero de 2006 entró en vigor la ley antitabaco aprobada en el Congreso de los Diputados el 23 de Diciembre de 2005[1].

En ella se apunta que el objetivo y finalidad última de la ley es proteger la salud de la población con diversas estrategias.

El dato concluyente señala que en España es la primera causa de mortalidad y morbilidad evitable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en España el 90% de los cánceres de pulmón tienen relación directa con el tabaco así como el 95% de los pacientes con EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica).

Más del 50% los trastornos cardiovasculares se apunta en la mencionada ley son debidas al tabaco así como el 16% de las muertes en población mayor de treinta y cinco años.

Independientemente de las particularidades de la ley que persigue una modificación en el hábito tabáquico, se han planteado un intenso debate acerca de la regulación de un hábito asentado larga y extensamente en la sociedad. Una ley que los medios de comunicación la han centrado en los lugares de prohibición o los permitidos, pero que tienen sobre todo la intención de concienciar de la nocividad del tabaquismo.

Esta ley ha tenido diversas modificaciones[2] con el fin de actualizarla.

Definición[editar | editar código]

Se denomina tabaquismo[3] a las modificaciones que el tabaco produce en el organismo humano en una persona consumidora habitual y crónica del tabaco.

El tabaquismo es una enfermedad adictiva, crónica y recurrente, que en el 80% de los casos se inicia antes de los 18 años de edad y que se mantiene merced a la dependencia que produce la nicotina y cuyas principales manifestaciones clínicas son: trastornos cardiovasculares, trastornos respiratorios y aparición de tumores en diversas localizaciones[4].

Origen y desarrollo histórico[editar | editar código]

Lo primero que hay que decir es que relativamente reciente el consumo de tabaco en nuestro entorno y mucho más el consumo masivo de tal compuesto.

Según las crónicas, parece ser que después del descubrimiento de la actual S.Domingo, la expedición española observó una práctica desconocida y sorprendente para los expedicionarios. Observaron como los indígenas enrollaban las hojas en contacto con la mazorca de maíz y las fumaban. Los indígenas denominaban a esto tabaco. En décadas ulteriores especialmente en España y Portugal junto a la siembra de patatas tomates y otros productos americanos se empezó a cultivar el tabaco.

El francés J. Nicot fue uno de los precursores y plantadores de la planta americana y por eso Linneo en su Historia Plantarum la denominó Nicotina tabacum.

El desarrollo del éxito del tabaco fue sorprendente. Se le adjudicaban toda clase de ventajas en la curación de enfermedades y sobre todo mascado se le achacaban propiedades analgésicas. El éxito se corrió como la pólvora y los estados europeos previeron una importante fuente de ingresos tanto en el cultivo como en la comercialización y recaudación en torno al tabaco.

Es a finales del siglo XIX cuando la difusión del tabaco se hace masiva y general en todas las capas de la sociedad. Ya en el siglo XX, lo vemos introducido en la vida social. Adquiere un cierto tono de distinción y se considera normal el fumar. Incluso el no hacerlo llamaba la atención en la sociedad de entreguerras.

Las grandes multinacionales se encargaron de distribuir la mercancía y de generar nuevos hábitos sociales en todos los países tras la Segunda Guerra Mundial. Es en los años setenta ante los nuevos avances científicos cuando se demuestra claramente y sin posibilidad de refutación la objetividad del carácter insalubre del tabaco. El consumo disminuye en los países desarrollados pero aumenta en los países en vías desarrollo y aumenta también entre las capas adolescentes y juveniles de la sociedad sin distinción de género. Con consecuencias letales, la introducción masiva del habito tabáquico en la población femenina junto a otras ingestas como contraceptivos ha desatado una mortalidad desconocida hasta ahora en el colectivo femenino.

Tiene una alta prevalencia que varía en los diferentes países de acuerdo a criterios sociales, económicos y culturales. El tabaquismo es la principal causa de mortalidad prematura y evitable, en los países desarrollados. La OMS estima que al año mueren 4.9 millones de personas como consecuencia del tabaco, y se prevé que si continúan las tendencias de consumo actuales, en el año 2030 se producirán 10 millones de muertes, que ocurrirá en los individuos que fuman actualmente[5].

Clasificación del consumo[editar | editar código]

No todo consumo se considera tabaquismo. Existe un consumo ocasional que no entra en el concepto. La afectación orgánica está siempre presente aunque lógicamente con menor intensidad. El fumador habitual es el que ha hecho del tabaco un compañero de vida.

Esta habituación puede llegar a ser intensa y crónica donde tendríamos el fumador/a crónico. Es fácilmente detectable. Necesita el tabaco, depende de él, en cierto sentido se produce ante su ausencia un síndrome de abstinencia clasificado en el DSM-IV –índices descriptivos utilizados en Psicología y Psiquiatría- que lo describe como (humor depresivo, insomnio, irritabilidad, ansia, dificultad para la concentración, impaciencia, disminución de la función cardiaca). La persona no puede realizar su vida normal sin el tabaco.

Daños médicos ocasionados por el tabaco[editar | editar código]

Por desgracia la clínica médica nos asegura que estamos ante una de las sustancias más letales conocidas. El tabaquismo produce lesiones en muchos casos irreparables de orden sistémico. Los componentes químicos y térmicos dañan, abrasan las vías respiratorias hasta afectar de forma masiva el parénquima pulmonar. Las neoplasias de pulmón están asociadas directamente con el tabaquismo. Además el aumento de infecciones en órganos afectados ensombrece en muchos casos los estados clínicos.

El cáncer de laringe es según estudios recientes causado directamente por el tabaquismo que en muchos casos golpea al paciente de forma descarnada al ser una patología especialmente incapacitante.

Los médicos saben bien que no acaban aquí las afectaciones del tabaquismo. De norma directa es afectado el sistema cardiocirculario. Junto a otros factores como la hipercolesterolemia y la hipertensión, el tabaquismo produce isquemias cardiacas severas que afectan a amplias capas de la población llegando a constituir junto con las neoplasias pulmonares las primeras causas de mortalidad en los países de nuestro entorno y por supuesto de España. El tracto urogenital se ve afectado igualmente en gran medida. La acción limpiadora de las nefronas (células renales) se ve alterada por el tabaco en numerosas glomerulopatías y canceres del parénquima renal.

Pero es sobre todo el nivel vesical donde los porcentajes aumentan considerablemente en cantidad y en agresividad. Se han descrito y demostrado afectaciones la función sexual por parte de fumadores tabáquicos. De especial incidencia se comporta el tabaquismo en relación a la mujer tanto por afectaciones en su aparato reproductor como en el fruto de la concepción. Sin ser alarmistas los datos sostienen unas morbilidades insospechadas de mujeres donde el tabaquismo precipita afectaciones tanto al niño como a la madre.

En el aparato científico de la reciente ley española aprobada por el Congreso se afirma que la relación entre nicotina y aborto espontáneo es clara así como la nocividad para el feto en las madres consumidoras y en las fumadoras pasivas. En la etapa del climaterio donde la protección hormonal se reduce sensiblemente en la mujer, los problemas cardiacos y neoplásicos afloran con inusitada gravedad.

La ingesta de contraceptivos en fechas próximas al climaterio precipitan junto al tabaco una asociación en muchos casos responsables de tumores graves en el aparato genital femenino.

Conviene apuntar que se corre el riesgo cierto de afectación en los llamados fumadores “pasivos”. Aunque esencialmente diverso al consumo, la inhalación del tabaco puede producir alteraciones sistémicas y fundamentalmente respiratorias. En muchas situaciones de base, éstas se pueden ver implementadas por el contacto con el tabaco.Un ejemplo concreto próximo lo tenemos en la legislación europea y nacional que prohíbe el consumo de tabaco en ciertos lugares públicos donde precisamente el riesgo de la inhalación supera los límites perfectamente estandarizados que pueden generar afectación orgánica.

Aspectos éticos[editar | editar código]

La Eticidad en este caso concreto como en otros hábitos nocivos y comportamentales debe procurar un cambio de mentalidad. La ética persigue el bien integral de la persona y el primer bien de esta es la salud y la vida. El tabaco amenaza de forma cierta ambas. Por tanto, es una práctica que afecta en primer lugar a la vida y a la salud del consumidor y además de los que le rodean. Tienen por tanto unas dimensiones privadas y sociales que hacen de esta práctica una conducta gravemente desordenada.

Hay una reponsabilidad moral objetiva que puede ver incrementada por ciertas circunstancias como son la de aquellos que tienen un específico papel de educadores como son los padres o de ciertos ascendientes como los médicos ante sus pacientes.

Pero hay también una responsabilidad subjetiva que conviene que no sea precipitada y general. Nadie sabe con certeza hasta qué punto ese joven o esa persona ha actuado con su libertad mermada o inexistente. Muchas veces es imitador de roles grupales, de motivaciones pueriles, de complejos existenciales de autoafirmación etc.

En muchos casos la libertad se encuentra muy tocada. De todas formas algo de responsabilidad personal hay siempre. De ahí la grave responsabilidad de padres y educadores en relación al tabaquismo. Muchas conductas se aprenden por la imitación más que por la reflexión consciente y pormenorizada.

Los datos informativos asépticos pueden incluso ser contraproducentes en la población adolescente, pero no tanto el ejemplo de los suyos con los que pretenden igualarse. Esta es en línea de principio el método de prevención más eficaz que se ha demostrado que existe. La legalidad deberá estar al servicio de favorecer situaciones que permitan generar salud. Una disciplina sin educación y racionalización no es efectiva. Las campañas publicitarias y educacionales deben implementar y reforzar el esfuerzo familiar contra el tabaquismo. Así se podrá generar ciudadanos más sanos y por ende sociedades más sanas y humanas.

Bibliografía[editar | editar código]

  • L. Ciccone, Bioética, Milán 2003

Notas[editar | editar código]

  1. «LEY 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco.». Consultado el 30 junio 2020. 
  2. «Tabaco - Legislación». Consultado el 30 junio 2020. 
  3. Simón Vázquez, Carlos (Mayo 2012). «Voz: Tabaquismo». Simón Vázquez, Carlos, ed. Nuevo Diccionario De Bioética (2 edición) (Monte Carmelo). 
  4. «Tabaquismo». Consultado el 30 junio 2020. 
  5. Organización Mundial de la Salud (2013). Informe OMS sobre la epidemia mundial de tabaquismo, 2013. Consultado el 30 junio 2020.