Vida humana

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¿Qué es la vida?[editar | editar código]

La vida es a primera vista para cada humano una experiencia espontánea, una experiencia que se da antes de que el hombre pueda decidir o querer o conocer[1]. La vida es dada. La vida es el fenómeno más impresionante que existe en la naturaleza y por ello es el más lleno de misterio de tal forma que se hace difícil apuntar una definición adecuada. El progreso de las ciencias experimentales ha aportado informaciones valiosas acerca de la vida humana, pero no sobre el por qué de ésta. La vida humana no es sólo el fenómeno vida como puede darse en un vegetal o en una bacteria o en un animal u hongo.

¿De qué vida hablamos? ¿Existe una especificidad de la vida humana que la haga distinta de la de los demás seres vivos conocidos hasta la fecha? ¿Existe una especificidad de la vida humana y, si existe, en qué se fundamenta? Colombo propone tener diversas perspectivas:

“los filósofos e investigadores del campo de las ciencias humanas tengan una visión y una comprensión lúcida de los datos biológicos, unidas –cuando lo requiera la naturaleza del argumento en cuestión- a una decidida recepción de las interpretaciones aportadas por las ciencias como resultado de un riguroso método inductivo. La tarea de participar en el proceso de selección de las hipótesis explicativas de los aspectos empíricos de la realidad, desarrollando un papel crítico respecto a la consistencia  y la coherencia interna de tales hipótesis no es ajena a los filósofos.

Los biólogos y los médicos además de observar una escrupulosa lógica científica al interpretar los datos recogidos, estén dispuestos a seguir el proceso del análisis filosófico y de la interferencia de las ciencias humanas para llegar a reconocer el valor de las conclusiones que ha alcanzado el proceso mismo, un valor tanto de orden teórico (ontológico) como de naturaleza práctica (ético)[2]

Comienzo de la vida humana[editar | editar código]

¿Cuándo comienza a ser una nueva vida humana?

A esta pregunta, la ciencia va a responder sin lugar a dudas hoy, que en el momento de la fecundación. Es una pregunta que sólo puede ser competentemente respondida desde la ciencia biológica y desde ninguna instancia más.

La unión de la célula germinal paterna y materna da lugar al cigoto. El cigoto es un individuo biológico, algo indivisible, algo impartible en sí mismo. Si se parte ciertamente habrá otra realidad pero ya no un individuo. Si nuestras células germinales ante dichas provienen de la especie humana, estamos ante un cigoto humano, ante un individuo humano, ante un ser humano.

El cigoto, según la ciencia biológica significa la estructura inicial de un nuevo individuo: en él se da cita una información biológica (genética) única, irrepetible, holística. En esta concreción biológica se concentran y anticipan las funciones vitales en orden a la construcción de un irrepetible organismo. Es una totalidad corpórea que tiende intrínsecamente a un desarrollo completo. El cigoto tiene ya todo lo esencial para el total desarrollo biológico. No experimentará añadidos necesarios a lo poseído desde el instante de su constitución existencial. El ambiente modificará accidentalmente su biología pero lo dado no es suprimido ni aumentado.

Sólo la muerte pondrá fin a lo que comenzó en la fecundación. Por ello, no es difícil inferir que estamos ante la realidad hombre. Desde la fecundación no existe otra cosa que un hombre.

Como escribe la Dra. López Moratalla :

“durante este proceso de desarrollo embrionario, su dotación genética, su peculiar diseño, se mantiene en cada una de las células. Cada parte de su organismo le pertenece durante toda su vida. La identidad de cada individuo, con todas las características particulares que le hacen ser ese individuo concreto, está expresada de forma precisa en su dotación genética, y permanece y siempre estará presente en todas y cada una de las células. En la dotación genética que herede de sus progenitores están escritos los caracteres que le hacen a ese individuo concreto de la especie Homo sapiens; ahí están sus particularidades ... Pero sobre todo ahí están encerradas las instrucciones precisas y claras para que se construyan los diversos órganos y tejidos... Ahí están las instrucciones para que adquiera, pasado un cierto tiempo, lo que se ha denominado el yo molecular; cada individuo es un ser biológicamente específico singular distinto de los demás, debido en última instancia a la capacidad de reconocer, de hacer frente a agentes invasores y, en ocasiones, destruir aquellos organismos y estructuras que reconoce como extrañas. Más aún, guarda memoria de ello. Y, por último, ahí, en el programa genético, también esta diseñado el límite de la edad, más allá del cual no le corresponde pasar, precisamente por ser un hombre. Este diseño, escrito como mensaje genético de cuatro letras, en los genes y cromosomas de cada individuo, se fija y determina por completo en su concepción: cuando el gameto paterno, espermatozoide, fecunda el óvulo materno y surge el cigoto, embrión de una célula” [3].

La vida humana como proceso contínuo[editar | editar código]

Tras el abandono del término preembrión, parece que hay un consenso en que la vida es un proceso único, que empieza en la fecundación y no se detiene hasta la muerte.

Son las tres características centrales del desarrollo presentes en la especie humana[4].

En efecto, de los datos actualmente adquiridos se desprende claramente que, a partir del embrión unicelular, y siguiendo una secuencia de cambios –que determinan las líneas celulares y la diferenciación de los tejidos, acompañados y/o seguidos de transformaciones morfogenéticas– se llega a la formación del organismo completo. Se resaltan tres importantes propiedades biológicas que caracterizan este proceso de desarrollo[5]:

  1. Coordinación. En todo el proceso, desde la constitución del cigoto hasta el final, se da una sucesión de actividades moleculares y celulares dirigidas por la información contenida en el genoma y controladas por las señales producidas por la múltiple e incesante interacción, a cada nivel, dentro del mismo embrión, y entre éste y su ambiente. Precisamente esta dirección y control son los responsables de la producción, coordinada rigurosamente, de miles de genes estructurales, lo cual implica y confiere una compacta unidad al organismo que se desarrolla en el espacio y en el tiempo[6].
  2. Continuidad. El “nuevo ciclo vital” que inicia con la fertilización prosigue sin solución de continuidad, si se cumplen les condiciones requeridas. Cada uno de los acontecimientos –por ejemplo: la multiplicación celular, la determinación celular, la diferenciación de los tejidos y la formación de los órganos– aparecen lógicamente en pasos sucesivos. Pero el proceso en sí que forma el organismo es continuo. Se trata siempre de un mismo individuo, que va adquiriendo su forma definitiva.Si en algún momento este proceso se interrumpiese, se produciría la “muerte” del individuo[7].
  3. Gradualidad. Algo necesario al proceso de formación de un organismo pluricelular es que éste adquiera su configuración definitiva pasando de formas más simples a formas cada vez más complejas. Esta ley de la gradualidad implica que, durante todo el proceso, desde el estadio unicelular en adelante, el embrión conserva su propia identidad e individualidad[8].

El examen científico de estos datos conduce a una idéntica conclusión: que, en el momento de la fusión de los gametos una “nueva célula humana”, dotada de una nueva estructura informativa empieza a actuar como una unidad individual que tiende a la completa expresión de su dotación genética, comportándose como una totalidad en constante y autónoma organización hasta la constitución de un organismo humano completo.

Esta “nueva célula humana'' es, por tanto, un “nuevo individuo humano”, que empieza “su propio ciclo vital” y que, cumplidas todas las condiciones internas y externas suficientes y necesarias, se desarrolla gradualmente, actualizando sus inmensas potencialidades según una ley ontogenética y un plan unificador intrínsecos.

La primera proposición que proporciona la reflexión racional es que el embrión humano no es una pura potencialidad, sino una sustancia viva e individualizada.

Ciertamente, como todas las sustancias vivas, el embrión humano es un ser cuyo principio de desarrollo y de cambio reside en el interior de la misma sustancia. Precisamente el desarrollo del embrión viene determinado por el propio principio interno, y no por el de un ser externo, como por ejemplo el de la madre.Se demuestra entonces como equívoca y engañosa la afirmación según la cual el embrión sería un hombre en potencia: el embrión es en potencia un niño, un adulto, un anciano, pero no es un individuo humano en potencia: lo es ya en acto.

El óvulo, como el espermatozoide, son “en potencia” un individuo humano, y sólo si no se unen entre sí, el óvulo sigue siendo óvulo y el espermatozoide sigue siendo espermatozoide. Sin embargo, el cigoto es ya un individuo humano en acto, y desarrolla su propio programa interno, que, en cuanto tal, es ya completo, suficiente, individualizado y capaz de actualizarse a sí mismo, siempre y cuando se den las condiciones necesarias para el desarrollo.

Por tanto, antes de la fecundación, el espermatozoide y el óvulo poseen una mera posibilidad de constituirse en un sistema y en una entidad unificada. El cigoto, sin embargo, es un individuo dotado de vida propia, con la propia identidad que le confiere la posesión de un único principio sustancial unificador.

Es obvio que, para su desarrollo físico y cultural, el embrión necesita el ambiente externo, físico y cultural. Pero tales estímulos ambientales los asimila según su propia ley de desarrollo, exactamente igual a como lo hace el niño o el adulto. El salto cualitativo, esencial, se produce cuando dos sustancias, entre las que existe una mera relación externa (los gametos), pasan a formar una única sustancia (el cigoto). Este salto se da en la fecundación: ni antes ni después. Solamente en el mismo instante de la hombre.

La “unidad” sustancial del cigoto revela una “continuidad” sustancial con su desarrollo, precisamente porque el principio del crecimiento y del cambio es inherente a la misma sustancia. No puede hablarse, por tanto, de existencias diversas y sucesivas de un mismo embrión vivo, y así lo confirman plenamente los datos embriológicos. El mismo sujeto, al desarrollarse, conserva en cada fase sucesiva una unidad ontológica con la fase precedente, sin solución de continuidad.

Siguiendo la lógica racional, de esta verdad se debe concluir que hay una unidad ontológica en todo el proceso de desarrollo de una individualidad única que, una vez nacida, es reconocida por todos como poseedora de la cualidad y dignidad de persona humana.

La unidad que existe a lo largo de todo el desarrollo del individuo humano, desde la fecundación hasta la muerte, no es simplemente una continuidad biológica, sino que se trata de la unidad de todo el ser, corpóreo y espiritual, aunque la formación y la maduración del individuo se realicen progresivamente tanto en el plano somático como en el espiritual. El inicio de esta maduración, y de la relación entre corporeidad y espiritualidad de un sujeto único, no puede distinguirse del que señala el comienzo de una vida biológicamente individualizada[9].

La vida humana es personal[editar | editar código]

El término persona es un concepto filosófico, y en segundo término jurídico.

No se puede demostrar desde la ciencia positiva ni que sea ni que no sea persona. Simplemente no es cuestión de su competencia, porque el concepto de «persona» es de carácter filosófico y no es, en cuanto tal, demostrable empíricamente. Al biólogo le corresponde decir sólo cuando comienza a existir o deja de existir el cuerpo de un ser humano. Asimismo, si la presencia del espíritu no se puede demostrar con datos empíricamente demostrables, estas «mismas conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen "una indicación preciosa para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un individuo humano podría no ser persona humana?"[10]»

La literatura biológica ha mostrado ya, con suficiente autoridad, que la vida humana comienza con la fecundación del ovocito, que evoluciona hasta el recién nacido en un proceso de perfecta unidad vital, continuo y sin interrupciones, haciendo impensable la idea de un salto evolutivo que suponga el inicio de una realidad genómica distinta a la anterior[11].

Cuando se afirma que el embrión humano, aunque pueda tener el «potencial» de convertirse en persona todavía no lo es, se está dando da por bueno un presupuesto filosófico. Lo que se plantea precisamente es el carácter personal desde que se es embrión humano. La importancia de esta cuestión estriba en que es fundamento del trato ético que se le deberá reconocer.

Sustancialmente hay dos planteamientos:

Se empieza a ser persona humana en algún momento del desarrollo humano[editar | editar código]

Los partidarios del funcionalismo distinguen entre seres humanos y personas. Fundamentan esta distinción en alguna función que se desempeñe, por eso suelen llamarse funcionalistas. Hacen depender el comienzo de la vida personal de alguna condición específica del desarrollo de la vida humana.

John Harris (1945 -)[editar | editar código]

Defiende que el término “persona” es usado para designar a un particular tipo de individuo identificado por sus capacidades o potencialidades más que por su pertenencia a una especie determinada”.

Llegará a ser una persona actual, cuando llega a ser capaz de valorar su propia existencia. Y si, eventualmente, pierde permanentemente esta capacidad, habrá cesado de ser persona. Está mal matar a una persona que quiere vivir, porque se le priva de algo que valora; viceversa, es bueno aplicar la eutanasia voluntaria a una persona que no quiere vivir. No se puede hacer daño de esta misma forma a las no-personas o personas potenciales, porque non son privadas de algo que ellas puedan valorar. Estaría mal hacerles sufrir gratuitamente, pero no matarlos “sin dolor”[12].

Hugo T. Engelhardt (1941-2018)[editar | editar código]

Para él la realidad de la persona está determinada por la autoconciencia del individuo; y también él atribuye la importancia de la autoconciencia a una posibilidad ulterior debida a ella. En este caso, lo verdaderamente decisivo es la capacidad de hacer juicios de reprobación o de elogio, es decir, de valorar moralmente los comportamientos propios y de los demás, y de ese modo formar parte de lo que él llama “la comunidad moral”, que es, precisamente, la comunidad de las personas.

Lo que caracteriza a las personas es su capacidad de ser autoconscientes, racionales e interesadas por el mérito de reprobación y elogio. La posibilidad de tales entidades funda la posibilidad de la comunidad moral. Eso permite reflexionar sobre la corrección o equivocación de las acciones y sobre el mérito o demérito de quien actúa.

Por otra parte, no todos los seres humanos son persona. No todos los seres humanos son autoconscientes, racionales y capaces de concebir la posibilidad de reprobar y alabar. Los fetos, los infantes, los retrasados mentales graves y quienes están en coma sin esperanza constituyen ejemplos de no-personas humanas. Tales entidades son miembros de la especie humana. No tienen status, en sí y por sí, en la comunidad moral. No son capaces de reprobar o alabar ni de merecer reprobación o elogio. No son participantes primarios de la empresa moral. Sólo las personas tienen este status[13],

Peter Singer (1947 -)[editar | editar código]

Define a la persona como un ser consciente de sí mismo que se reconoce en el tiempo. Por eso mientras la pertenencia a la especie humana no es relevante, sí que lo es la condición de persona [14].

Los fetos no son personas, según este planteamiento. Por eso el tema del aborto habrá que plantearlo en el cálculo utilitario que sopese las preferencias de una madre contra las preferencias del feto o embrión y no en el nivel de la consideración del ser personal. En su visión, una preferencia es cualquier cosa que se busca obtener o evitar; toda forma de beneficio o daño causado a un ser corresponde directamente con la satisfacción o frustración de una o más de sus preferencias. Dado que la capacidad de experimentar sensaciones de sufrimiento o satisfacción es un prerrequisito para tener cualquier preferencia, y el feto, al menos hasta alrededor de las 18 semanas es incapaz de sufrir o sentir satisfacción alguna, no es posible para tal feto el tener preferencia alguna. En un cálculo utilitario, no hay nada que sopesar contra las preferencias de la madre para tener un aborto, por tanto el aborto es moralmente permisible.

Los recién nacidos carecen de las características esenciales para ser considerados personas: "la racionalidad, la autonomía y la conciencia de sí mismo" y, por tanto, "matar a un bebé recién nacido no es equivalente a matar a una persona, es decir, un ser que quiere seguir viviendo" [14].

Norbert Hoerster (1937 -)[editar | editar código]

Ha fijado como inicio de la vida personal los cuatro meses posteriores al nacimiento[15].

Sin embargo, no ha justificado por qué son cuatro meses y no cualquier otro límite temporal. Tan sólo ha sugerido que las razones por las que generalmente se establece la fecha del nacimiento para el reconocimiento de los derechos civiles, son de carácter práctico: por un lado, la necesidad de proteger a los prematuros que nacieron antes de mostrar los primeros indicios de vida «personal»; por otra, la menor disposición de los agentes morales a procurar la instrumentalización del ya nacido que la del embrión o el feto[16]

Desde la concepción se es persona humana[editar | editar código]

La «persona» no es un inventario de cualidades, sino un modo de existir, la específica realización individual del ser humano[17]; no sería «algo» que puede ser entendido como la consecuencia casual de uno o de la totalidad de sus predicados, entre los que se encuentra la conciencia, sino «alguien» en quien dichos predicados se realizarán en un momento dado. Porque la substancia no es el conjunto de sus accidentes, sino lo que da el ser a los accidentes. De ahí que, como subrayan los autores del un estudio publicado en Linacre, «Un ser humano no se convierte en una persona en una etapa particular de desarrollo después de la fertilización», sino que la persona es «inherente al ser humano en todas las etapas de su desarrollo»[18].

¿Qué es la persona? Es el ser humano individual realmente existente. La definición filosófica de persona no es otra cosa que la expresión lógica de la realidad ontológica del individuo humano real. Este hombre es «hombre» porque posee la naturaleza humana. Es «este hombre» porque tal naturaleza humana es individualizada en cuanto la forma sustancial informa una materia cuantitativamente determinada y por eso distinta. Pero, en definitiva, este hombre «es» porque posee efectivamente un acto de ser, con el que esta naturaleza humana subsiste realmente y es sujeto de sus propios actos, esto es, es persona. El sujeto del actuar moral no es entonces la «naturaleza humana» considerada en abstracto -porque como tal no existe-, sino la naturaleza humana-en-este-hombre-que, esto es, la persona. El actuar sigue al ser. Actúa aquel que es, el subsistente, el sujeto que -cuando la naturaleza es intelectuales persona. Hablando propiamente, no es la potencia o la facultad la que actúa, ni la esencia, sino el hombre singular, el subsistente[19].

La luz acerca de lo que es la vida humana sólo puede venir de la consideración acerca de la verdad de la persona humana. Se trata de partir de un dato real y fundamental: la relación existente entre vida humana y persona emergente en la experiencia común y universal. La vida humana se presenta como una realidad no definida plenamente en si misma, sino como esencialmente relativa a la persona. La vida humana no existe en sí y por sí, es una realidad que es propia de la persona; no existe en abstracto, siempre y sólo en concreto, es decir, como realidad poseída y vivida por la persona.

La vida humana es pues el sujeto que vive. Decir vida humana es siempre un sujeto viviente. Un sujeto que tiene dentro de sí el principio vital: un ser subsistente que se auto posee y se autodetermina.

Origen del espíritu humano[editar | editar código]

El surgir de la corporeidad en el embrión está bien documentado por la ciencia y no esconde ya misterio alguno: surge con la formación del cigoto a partir de la fusión del gameto masculino y del óvulo femenino. Pero ¿qué decir del espíritu? ¿De dónde surge?[19].

Para tal cuestión, históricamente, se han dado tres soluciones: la emanación panteísta, la generación y la creación por parte de Dios.

Emanación panteísta[editar | editar código]

Para el emanantismo panteísta el espíritu humano sería como una emanación de la divinidad, un fragmento despegado de ella, o bien una manifestación o actividad de la propia divinidad. Esta explicación llega a ser inconcebible porque Dios es simple, inmutable e infinito, y cesaría de serlo si tuviese partes y éstas pudiesen separarse y convertirse en el espíritu humano. Por otro lado, si fuese una actividad de la propia divinidad, el espíritu humano se identificaría con Dios, y así como los hombres son mutables y finitos, Dios sería también finito.

Generación y Emergencia[editar | editar código]

Ésta se puede concebir de dos formas diversas, de las cuales una consiste en afirmar que

  • el espíritu se genera simultáneamente con el cuerpo (traducianismo corpóreo). Sostiene que el espíritu humano surge por generación como el alma de los animales. Pero esta asimilación no se puede hacer porque el alma de las animales depende intrínsecamente de la materia, mientras que el espíritu humano está abierto al absoluto y, entonces, es intrínsecamente independiente de la materia, de tal modo que no se puede transmitir a través del cuerpo. En este planteamiento sea habla de Emergencia del espíritu.
  • se genera partiendo del espíritu de los padres (traducianismo espiritual)[20] . El espíritu humano no puede ser generado ni siquiera por el espíritu de los padres. En efecto, este tipo de generación exigiría que el espíritu de los padres comunicase una parte de sí, pero esto es absurdo, porque en tanto que es espíritu no es divisible.
  • creación por parte de Dios. es sino una consecuencia lógica de la naturaleza del espíritu humano. El espíritu humano no se genera por educción del organismo que informa, sino que es Dios quien lo crea directamente, porque es intrínsecamente independiente de la materia y si fuese educido de la materia sería dependiente de ella. Siendo el espíritu intrínsecamente independiente de la materia y simple, tan sólo puede ser producido por creación, esto es, de la nada, y esto es obra exclusiva de Dios.

Lucas dice: A esto algunos objetarán que la creación del alma de cada individuo directamente por parte de Dios comportaría una acción especial, de tipo milagroso, y rompería el orden natural constituido. A esta objeción se puede responder de dos maneras. En primer lugar, digamos que no es una acción «especial» porque el nacer de nuevo un hombre, con todo lo que incluye, no es un efecto especial en cuanto toma parte del orden y del nivel natural del universo creado. El orden natural del universo implica que para cada nuevo individuo humano se dé aquí la creación inmediata del espíritu por parte de Dios. Segundo, admitamos que es una acción especial, una intervención sobrenatural. Bien, precisamente por esto cada hombre es un ser singularísimo, irrepetible, sujeto a derechos y deberes, con una dignidad inviolable. Es precisamente en este ser espíritu, creado directamente por Dios, por donde el hombre extrae en último análisis su valor absoluto y su dignidad[19].

Enseñanza católica sobre la vida humana[editar | editar código]

Artículo principal: Evangelium vitae

Acción de Dios en el comienzo de cada vida humana[editar | editar código]

La razón última por la que la vida de todo hombre es vida de una persona y tiene un valor único que exige respeto absoluto e incondicionado es que, desde el mismo comienzo de su existencia, cada ser humano tiene una relación personal e inmediata con las Personas divinas, no una relación genérica como las otras criaturas.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 2258: “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo a su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente”.

El hombre es la única criatura en la tierra que Dios ha “querido por sí misma” (Gaudium et spes 24) y el alma espiritual de cada hombre es “inmediatamente creada por Dios”( Humani generis AAS 42 (1950) 575; Pablo VI, Profesión del Credo, AAS 60 (1968) 436). Por eso, la generación de cada vida humana es un misterio que sólo en Dios, su creador, encuentra respuesta adecuada. Esta verdad revelada es central en el momento ético.

Por tanto, el propósito de la decisión creadora de Dios sobre el hombre es siempre la vida de una persona, nunca la vida meramente biológica. En la biología de la generación humana está inscrita la genealogía de la persona.

Juan Pablo II en la encíclica sobre la vida humana: “Cuando de la unión conyugal de los dos nace un nuevo hombre, éste trae consigo al mundo una particular imagen y semejanza de Dios mismo: en la biología de la generación está inscrita la genealogía de la persona(Evangelium vitae 43).

La generación y el nacimiento de una persona no es fruto de una fecundidad abstracta, sino siempre de una acción personal inmediata de Dios que hace a los esposos –a un tiempo– colaboradores responsables de su amor creador. Dios comparte el poder creacional con unas criaturas. Esta participación del hombre, tener parte en algo, es más que lo indica con el término pro-creación.

Realmente el hombre y la mujer está llamada a participar del acto creativo de Dios que a través del proceso biológico por ella iniciado se da algo nuevo. Por otra parte, la biología de la reproducción suscita el acto creativo divino. De todas formas está presencia de Dios también estaría requerida por el comienzo de la vida humana en el caso de llevarse a cabo mediante técnicas de reproducción asistida.

Otras voces[editar | editar código]

Bibliografía[editar | editar código]

Notas[editar | editar código]

  1. Simón Vázquez, Carlos (Mayo 2012). «Voz: Vida Humana». Simón Vázquez, Carlos, ed. Nuevo Diccionario Bioética (2 edición) (Monte Carmelo). 
  2. Colombo, R. «Vida: de la Biología a la Ética». Angelo Scuola, ed. Deontología Biológica. 
  3. López Moratalla, Natalia (2002). «II: La vida biológica del hombre». Miguel Angel Monge Sánchez, ed. Medicina Pastoral. Eunsa. ISBN 84-313-1947-X. 
  4. Serra, Angelo (10-03-2004). «La contribución de la Biologí­a al estatuto del embrión». Consultado el 20-04-2020. 
  5. Carrasco De Paula, Ignacio; Leone, Salvino; Palazzani, Laura (2000). Identidad y estatuto del embrión humano. Eiunsa. ISBN 9788484690023. 
  6. Cf. J. VAN BLERKOM. «Extragenomic regulation and autonomous expression of a developmental program in fue early mammalian embryo», Annals ofthe New York Academy of Sciences. 442 (1985).61
  7. Cf. D.G. MyLES, P. PRIMAKOFF, «Why did the sperm cross the cumulus? To get to the oocyte. Functions pf the sperm surface protein PH-20 and fertlin in arriving at, and fusing wifu, fue egg», Biology of Reproduction, 56 (1997),320-327
  8. Cf. W.J. GEHRING, «Homeo-boxes in the studuy of development», Science, 236 (1987), 1.245-1.251, p. 1.245.
  9. Santiago, Manuel de (20-05-2004). «Estatuto Biológico, Antropológico y Ético del Embrión Humano». Consultado el 20-04-2020. 
  10. Cf. Encíclica Evalengelium vitae, n. 60; cita interna de la Instrucción Donum vitae, I, I
  11. Aznar, Justo (2014). «Estatuto biológico del embrión humano.». Bellver, Vicente, ed. Bioética y cuidados de enfermería (Valencia: Consejo de Enfermería de la Comunidad Valenciana): 47-64. 
  12. Harris, J., Euthanasia and the value of life, en J. Keown, Euthanasia Examined, Ethical, clinical and legal perspectives, Cambridge University Press, New York 1995 , 9
  13. Engelhardt, Hugo T., Manuale di bioetica. Nuova edizione, Il Saggiatore, Milano 1999 (Orig.: The Foundations of Bioethics, Oxford University Press, Oxford 1996, 2 ed. ), pp 126-127
  14. 14,0 14,1 Taking Life: Humans (en inglés) 1993
  15. Hoerster, N. Neugeborene und das Recht auf Leben. Frankfurt: Suhrkamp; 1995: 23-24.
  16. Hoerster, N. Abtreibung im säkularen Staat. Argumente gege den § 218. Frankfurt: Suhrkamp; 1991: 132, 134, 137-138
  17. Spaemann, Robert (2000). Personas. Acerca de la distinción entre "algo" y "alguien". Eunsa. p. 54. ISBN 9788431317096. 
  18. John Janez Miklavcic, Paul Flaman (01-05-207). «Personhood Status of the Human Zygote, Embryo, Fetus». The Linacre Quarterly 84 (2): 130-144. doi:10.1080/00243639.2017.1299896. Consultado el 20-04-2020. 
  19. 19,0 19,1 19,2 Lucas Lucas, Ramón (31-01-2004). «El estatuto antropológico del embrión humano». Consultado el 20-04-2020. 
  20. El nombre «traducianismo» viene del latín «traduce» que significa «sarmiento» de una vid; de un fragmento de vid enterrado sale una nueva planta. El espíritu derivaría, según esta teoría, de los padres.