Dignitas personae

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Introducción[editar | editar código]

El desarrollo de las ciencias biomédicas y las tecnologías aplicadas a la medicina, constituyen sin lugar a dudas uno de los signos de nuestro tiempo. De ahí que es necesario el discernimiento a la luz de la razón natural y la misma palabra revelada, acerca de la bondad de dichos progresos tecnocientíficos. La medida será siempre lo humano en cuanto respetado y salvaguardado.

Una breve reseña[editar | editar código]

El 25 de julio de 1978 su nacimiento fue histórico para la ciencia. Era la primera bebé nacida por fecundación in vitro (FIV). Un proceso del que todavía se sabía muy poco y al que recurrieron sus padres después de años intentando tener descendencia sin éxito.

Cuando en 1978 nació Louise Brown, el primer bebé probeta[1], al mundo se le presentó – a modo de panacea - la gran “solución” al delicado y complejo problema de la infertilidad. Poco se analizaba si había o no manipulación embrionaria, cuántos embriones se depositaban en el útero materno y cuántos quedaban a la vereda del camino, listo para descartarse. La Iglesia, madre y maestra, no tuvo excesiva prisa en pronunciarse al respecto. Presidida por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, la Congregación para la Doctrina de la Fe, conformó un grupo de estudio que dio a la luz la Instrucción “Donum Vitae”[2]. Dicha Instrucción ofrecía dos criterios fundamentales para el discernimiento moral en merito a las intervenciones sobre el embrión y las formas de fecundación artificial:

  • Uno de ellos es el respeto incondicionado del ser humano desde su concepción.
  • El respeto de la originalidad de la transmisión de la vida humana en los actos propios del matrimonio.

Estos principios y las valoraciones éticas, fueron reafirmados en la encíclica Evangelium Vitae del papa Juan Pablo II[3] el 25 de marzo de 1995, conservando intacto el propio valor.

En los últimos 20 años las ciencias biomédicas han hecho notables progresos, esclareciendo los secretos de la estructura biológica del hombre y el proceso de su generación. Las nuevas tecnologías abren, por un lado, posibles perspectivas terapéuticas insospechadas, como por ejemplo, las terapias que curan la esterilidad, las técnicas de diagnóstico prenatal o el uso de las células estaminales adultas. Pero por otro lado, es posible que se susciten interrogantes de naturaleza antropológica y moral, como por ejemplo la selección, almacenamiento y destrucción de miles de embriones humanos, a los que no se les reconoce como es debido su dignidad personal, la praxis ya extendida en el mundo del congelamiento de embriones –bastaría pensar que sólo en Argentina hay clínicas que reportan al menos la existencia de 15.000 embriones congelados[4]- los variados intentos de clonación humana o la investigación sobre las células estaminales tomando como punto de partida los mismos embriones fabricados “ad hoc”.

En el año 2002 la Congregación para la Doctrina de la Fe decidió iniciar un estudio acerca de las nuevas cuestiones de bioética, con el fin de aportar un aggiornamento a la “Donum Vitae”, de 1987[2]. La tarea fue encomendada a la Pontificia Academia para la Vida. Y los trabajos de equipo se iniciaron bajo la competente guía del Presidente emérito, en aquél entonces el obispo Elio Sgreccia – luego creado cardenal por Benedicto XVI- a quien se lo puede llamar “padre de la bioética personalista”.

En el 2005 y 2006, la rica documentación preparada por la Pontificia Academia para la Vida fue puesta bajo las instancias ordinarias de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o sea, a la consulta y a la Sesión Ordinaria. Después del estudio se redactó un proyecto de Instrucción, examinado por una Comisión de expertos y de la Consulta, y finalmente, por la Sesión Plenaria de la Congregación, que tuvo lugar a inicios de 2008. El texto fue puesto una vez más a consideración de la Sesión Ordinaria y aprobado por el papa Benedicto XVI en la Audiencia del 20 de junio de 2008[5]. El 8 de septiembre de 2008 se publicaba la Instrucción Dignitas personae, sobre algunas cuestiones de Bioética

Objeto de la Instrucción[editar | editar código]

El objetivo de Dignitas Personae sería “promover la formación de la conciencia” en un ámbito que mira las técnicas biomédicas y las repercusiones que ello trae en la concepción de la vida humana misma. Con esta intervención, el Magisterio “no interviene en el ámbito de la ciencia médica como tal, pero llama a todos los interesados a la responsabilidad ética y social de la propia tarea”.

¿A quién se dirige? La Instrucción está dirigida a todos aquellos que buscan la verdad. Bebiendo de la luz de la razón y de la fe, Dignitas Personae desea vivamente contribuir a elaborar “una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de aceptar todo lo que de bueno emerge de las obras de los hombres y de las variadas tradiciones culturales y religiosas, que no raramente muestran una gran reverencia por la vida”.

Si la pregunta fuera acerca del valor doctrinal de la información, sería probable que la respuesta fuera una “Instrucción de naturaleza doctrinal”, que ha emanado de la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobada expresamente por el Santo Padre. Por tanto pertenece a los documentos de la Congregación que “participan del Magisterio Ordinario del Sucesor de Pedro”[6]. Estos documentos han de ser acogidos por parte de los fieles con leal obsequio religioso de sus espíritus[6].

Estructura de Dignitas Personae[editar | editar código]

El documento en cuestión comprende tres partes:

  1. La primera trata acerca de algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de fundamental importancia.
  2. La segunda parte afronta nuevos problemas que tienen que ver con la procreación.
  3. La tercera parte estudia los nuevos problemas terapéuticos que comporta la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano. Una breve introducción explica la naturaleza y la finalidad del documento, y la conclusión resume el mensaje central del mismo.

Toda la información inicia con las palabras Dignitas Personae –la dignidad de la persona que se le reconoce a todo ser humano, desde el útero al sepulcro-. Resulta difícil, aun para el no creyente, no hallarse situado en la afirmación del valor único de cada persona humana. Es posible leer el nº 8: “Por el solo hecho de existir, todo ser humano debe ser respetado. Se debe excluir la introducción de criterios de discriminación, en cuanto a la dignidad, en base al desarrollo biológico, psíquico, cultural o estado de salud”.

Existe la posibilidad de afirmar que el ser humano en cualquiera de las etapas de su desarrollo, desde el cigoto al adulto, debería ser dotado de dignidad y debería ser respetado como persona humana.

Como es posible apreciar, lo que es afirmado equivale a la igualdad de la dignidad del ser humano, por el solo hecho de haber venido a la vida. Frente a este principio, quedan en segundo lugar la inteligencia, la belleza, la edad, la enfermedad o la raza. Todo hombre vale por sí mismo, y es la “única criatura amada por Dios por sí misma”. La dignidad de la persona es una perfección constitutiva e intrínseca, es decir, depende de la existencia y características de su ser, no de la posesión o capacidad de ejercicio de esas u otras cualidades. Dicho de otro modo, se es persona o no se es, de manera radical, pero no se puede ser más o menos persona. No es el sano, joven o fuerte que es “más” persona, y el enfermo o anciano o débil “menos” persona. Por tanto, los planteamientos como el aborto selectivo o la eutanasia, que limitan la condición de personas y la correspondiente dignidad a la posesión efectiva de ciertas cualidades (conciencia de sí, autodeterminación, calidad de vida satisfactoria), son de suyo incorrectos[7].

Mensaje de Dignitas Personae[editar | editar código]

“A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona”.Este principio fundamental expresa el gran “sí” al don de la vida humana, que debe ser puesta al centro de la reflexión ética sobre la investigación biomédica.

El mensaje desde luego anima toda forma de investigación biomédica que respete la dignidad de todo ser humano y la dignidad de la procreación. No podría ser de otro modo. La Iglesia mira con esperanza esa investigación y desea que “los resultados de esta investigación se pongan también a disposición de quienes trabajan en las áreas más pobres y azotadas por las enfermedades, para afrontar las necesidades más urgentes y dramáticas desde el punto de vista humanitario”.

A la vez, el documento en estudio excluye diversas tecnologías biomédicas como éticamente ilícitas. No lo hace por un “no” a priori a las ciencias y sus progresos veloces. Lo hace porque le da voz a los que no tienen voz, aunque esto hoy en muchos ambientes sea visto como “políticamente incorrecto” Dignitas Personae señala: “El cumplimiento de este deber implica la valentía de oponerse a todas las prácticas que se traducen en una grave e injusta discriminación de los seres humanos aún no nacidos. Son seres humanos dotados de la dignidad de personas, que han sido creados a imagen de Dios. Detrás de cada ´no´ brilla, en las fatigas del discernimiento entre el bien y el mal, un gran ´sí´, en reconocimiento de la dignidad y de valor inalienable de cada singular e irrepetible ser humano llamado a la existencia”.

Las reacciones al Documento han sido de diverso signo: unos le niegan validez en general, algunos otros reconocen cierta razonabilidad en algunos puntos –así por ejemplo en revistas especializadas en bioética- y hay quienes, comprometidos en la búsqueda apasionada por la verdad, se sienten atraídos por el sublime mensaje de la promoción y defensa de la vida humana. “Lo que esta instrucción quiere hacer es expresar la propia contribución autorizada en la formación de la conciencia no sólo de los creyentes, sino también de cuantos se ponen a la escucha de los argumentos que vienen hilvanados y con ellos entienden confrontarse”.

Conclusión[editar | editar código]

La Instrucción Dignitas Personae, centrada en torno al tema de la dignidad de la persona humana, creada en Cristo y para Él, significa un nuevo punto firme en la rica temática del Evangelio de la Vida, en plena continuidad y coherencia con “Donum Vitae” y el Magisterio católico contemporáneo. Se presenta muy interesante no sólo desde el punto de vista estrictamente normativo por la claridad de las orientaciones morales, sino también desde el punto de vista metodológico, porque en explícita voluntad de diálogo con el mundo, busca articular, sin indebidas intromisiones en el campo epistemológico, el argumento propio de la razón y el otro de la fe.

Luchar por la cultura de la vida debería ser tarea de todos y no patrimonio exclusivo de nadie. Se comenzaba el trabajo con la palabra discernimiento. Es lo que se ha tratado de reflejar en esta honda preocupación de Dignitas Personae. Y es lo que se tiene por delante ante el panorama biomédico y tecnológico tan cambiantes. Enseñar a discernir lo justo de lo injusto, lo lícito de lo ilícito, en el campo de la bioética, no es tarea que se confía a las emociones, sino a la totalidad de la persona presidida por su razón iluminada por la fe.

Texto de referencia[editar | editar código]

Bibliografía[editar | editar código]

  • Burgos, Juan Manuel. Antropología: una guía para la existencia. Madrid: Palabra. ISBN 978-84-9061-548-5. 
  • Congregación para la Doctrina de la Fe (24 de mayo de 1990). “Instrucción Donum Veritatis sobre la vocación eclesial del teólogo”. Roma: Vatican. 
  • Fisichella, R. Dignitas Personae: un passo in avanti. Dignitas Personae. 
  • Rodakoff, D. (2009). Un Gran Sí a la Vida. Subisidio para agentes de pastoral sobre la Instrucción Dignitas Personae. Santa María. 
  • Requena Meana, Pablo (2008). «Dignidad y autonomía en la bioética norteamericana». PubMed (Cuadernos de Bioética). PMID 18611075. 

Referencias[editar | editar código]

  1. García Pedrero, Guillermo. «Historia de la primera 'bebé probeta'». MuyInteresante. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  2. 2,0 2,1 Ratzinger, Joseph (22 de febrero de 1987). «DONUM VITAE». Vatican. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  3. Papa Juan Pablo II (25 de marzo de 1995). «Evangelium Vitae». Vatican. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  4. «Embriones congelados: por primera vez se realizó un censo y se comprobó que en Capital hay más de 12.000». ElClarín. 11-07-2007. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  5. Ratzinger, Joseph (20 de junio de 2008). «Proyecto de Instrucción». Vatican. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  6. 6,0 6,1 Ratzinger, Joseph (24 de marzo de 1990). «Sobre la vocación eclesial del teólogo». Vatican. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  7. Spaemann, Robert (25/04/2020). ¿Es todo ser humano una persona?. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra. Consultado el 25 de abril de 2020.