Eutanasia

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El término eutanasia deriva del griego: ευ eu (‘bueno’) y θάνατος thanatos (‘muerte’). Este significado etimológico, sin embargo, ha dejado de tener uso social [1]. Modernamente el término eutanasia se refiere a la conducta (acción u omisión) intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por razones compasivas y en un contexto médico. [1].

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Según el Diccionario de la Real Academia Española, eutanasia es la «acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él» y, en el ámbito de la medicina, «muerte sin sufrimiento físico» [2].

Según la Asociación Médica Mundial, es un «acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares» [3].

La Organización Médica Colegial española (OMC), por su parte, entiende que se trata de «la acción u omisión, directa e intencionada, encaminada a provocar la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa o reiterada de esta» [4].

Tipos de eutanasia

Pueden distinguirse los siguientes tipos [5]:

  • Eutanasia voluntaria: la que se lleva a cabo con consentimiento del paciente.
  • Eutanasia involuntaria: la practicada contra la voluntad del paciente, que manifiesta su deseo de no morir. Más que de eutanasia habría que hablar de homicidio [4].
  • Eutanasia no voluntaria: la que se practica no constando el consentimiento del paciente, que no puede manifestar ningún deseo, como sucede en casos de niños y pacientes que no han expresado directamente su consentimiento informado.
  • Eutanasia activa: la que mediante una acción positiva provoca la muerte del paciente.
  • Eutanasia pasiva: el dejar morir intencionadamente al paciente por omisión de cuidados o tratamientos que están indicados y son proporcionados. Suele hablarse de eutanasia sin más.

La SECPAL advierte de la confusión que existe en torno a la expresión eutanasia pasiva. Por eso defiende hablar simplemente de eutanasia, sin adjetivos, afirmando que «tan eutanasia es inyectar un fármaco letal como omitir una medida terapéutica que estuviera correctamente indicada, cuando la intención y el resultado es terminar con la vida del enfermo». Según explica, no debe confundirse la eutanasia pasiva con el rechazo de tratamientos o la aplicación de terapias paliativas que tengan como efecto indirecto y no deseado el acortar la vida del paciente [6].

La OMC, sin embargo, define la eutanasia pasiva «como la interrupción o no inicio de medidas terapéuticas o innecesarias en un enfermo que se encuentre en situación de enfermedad terminal», aclarando que esta práctica en realidad no es eutanasia [7].

Otros términos relacionados con el final de la vida

  • A menudo se confunde eutanasia con suicidio asistido o «acto de ayudar a suicidarse en el caso en el que la persona no sea capaz de hacerlo por sus propios medios» [8]. La OMC proporciona una definición diferente al indicar que, para que exista suicidio médicamente asistido, debe intervenir un médico que proporcione la medicación necesaria a un enfermo para que él mismo se la administre [9].
  • Por su parte, la distanasia o encarnizamiento terapéutico es la práctica de aplicar tratamientos inútiles o desproporcionadamente molestos para el resultado que se espera de ellos [10]. Con más detalle, precisa la SECPAL que el encarnizamiento médico incluye «prácticas diagnósticas o terapéuticas que no benefician realmente al enfermo y le provocan un sufrimiento innecesario, generalmente en ausencia de una adecuada información» [11]. La OMC recomienda no utilizar el término «encarnizamiento» y prefiere sustituirlo por «obstinación» [12].En todo caso, unos y otros dejan claro que se trata de una práctica contraria a la ética profesional.
  • La ortotanasia es permitir que la muerte sobrevenga en enfermedades incurables y terminales, tratándolas con los máximos tratamientos paliativos para evitar sufrimientos, recurriendo a medidas razonables. Consiste, por tanto, en no adelantar la muerte con una acción médica intencional [13].En la ortotanasia se aplican todas las medidas encaminadas a mejorar la calidad de vida de los enfermos (procurando la comodidad del paciente, su alimentación, aseo y administración de sedantes y analgésicos) [14].
  • La enfermedad o situación terminales la enfermedad incurable, avanzada e irreversible, con un pronóstico de vida limitado a semanas o meses [15].
  • Los cuidados paliativos tienen como objeto aliviar los síntomas (especialmente el dolor) que provocan sufrimiento y deterioran la calidad de vida del enfermo en situación terminal. Incluyen el uso de sedantes y analgésicos en la dosis necesaria para alcanzar los objetivos terapéuticos, aunque se pudiera ocasionar indirectamente un adelanto del fallecimiento [16].
La OMC amplia la definición al indicar que son un «conjunto coordinado de intervenciones sanitarias dirigidas, desde un enfoque integral, a la promoción de la calidad de vida de los pacientes y sus familias» [17].
  • La sedación paliativa es la disminución deliberada de la conciencia del enfermo mediante la administración de los fármacos apropiados con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible causado por uno o más síntomas refractarios. Cuando el enfermo se encuentra en sus últimos días u horas de vida, hablamos de sedación en la agonía y de sedación terminal[18].
La sedación paliativa no es eutanasia. La diferencia la explica el Dr. Martínez Sellés al indicar que difieren en los siguientes aspectos [19]:
  1. El objetivo: la eutanasia busca provocar la muerte del paciente mientras la sedación paliativa pretende aliviar el sufrimiento.
  2. La indicación: la eutanasia pretende conseguir la muerte de forma deliberada mientras la sedación paliativa busca controlar síntomas refractarios a otros tratamientos.
  3. El procedimiento: la eutanasia utiliza el fármaco en dosis que se sabe provocarán la muerte mientras la sedación paliativa utiliza la mínima dosis posible.
  4. El parámetro del éxito: para la eutanasia, provocar la muerte; para la sedación paliativa, el alivio del sufrimiento.
  • Finalmente, es frecuente que algunas personas, incluso legisladores, utilicen la expresión «muerte digna»; como bien indica la OMC, se trata de un concepto muy confuso porque hace referencia a un instante y el morir es un proceso. La dignidad no se fundamenta en las circunstancias de la muerte o de la vida sino en el hecho de pertenecer a la especie humana [20].
El profesor Serrano Ruiz-Calderón señala que este concepto despierta suspicacias con toda razón, «entre nuestros ciudadanos más vulnerables» y que en realidad, la eutanasia «ha sido rebautizada como muerte digna» [21].

Historia

Se tiene conocimiento de la existencia de la eutanasia desde la Edad Antigua. Sin embargo, en las culturas griegas y romanas, el concepto de «eutanasia» se identificaba con su sentido etimológico de buena muerte, es decir el estado mental o espiritual de la persona en los momentos finales de su vida. La eutanasia no era, por tanto, una ayuda para morir sino una forma de morir [22]. La práctica del suicidio y de la asistencia al mismo estaba extendida e incluso justificada por filósofos como Platón, quien defiende que «quien no es capaz de vivir desempeñando las funciones que le son propias no debe recibir cuidados por ser una persona inútil tanto para sí mismo como para la sociedad»; sobre las «personas constitucionalmente enfermizas o de costumbres desarregladas», el filósofo griego recoge como criterio médico aceptable que, «como la prolongación de su vida no había de reportar ventaja alguna a sí mismos ni a sus prójimos, no debía aplicarse a estos seres el arte médico ni era posible atenderles» [23]. El fundador del estoicismo, el filósofo griego Zenón (siglo iv a.C.), no solo legitimaba el suicidio sino que él mismo puso fin a su vida, al igual que Epicuro (siglo IV a.C.), ya que la aversión de los epicúreos hacia el dolor les hacía justificar, en casos extremos, el suicidio [24].Plutarco explica que en Esparta, los niños discapacitados, considerados inútiles para la guerra, eran arrojados al barranco de Taigeto [25]. No obstante, el primer código deontológico médico conocido, el Juramento hipocráticoJuramento Hipocrático (siglo V-IV a.C.), incluye claramente la promesa de no dar a nadie «una droga mortal, aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin» [26].

La ley de Moisés característica del judaísmo prohibía provocar la muerte a un semejante; en el mismo sentido se pronunció el cristianismo. La moral judeocristiana obligaba no solo a respetar la vida como un don que solo Dios puede dar y quitar sino a cuidar de enfermos y moribundos, como atestiguan las innumerables órdenes e instituciones religiosas dedicadas a atenderles. El sentido cristiano del sufrimiento, capaz de unirse a la pasión de Cristo y redimir a otros, otorga una dimensión sobrenatural a la enfermedad. Esta mentalidad presidió el pensamiento occidental durante toda la Edad Media.

Ya en la Edad Moderna hay quien presenta a Tomás Moro como un defensor de la eutanasia en su libro Utopía (1516); es cierto que en la obra se indica que los sacerdotes y magistrados trataban de persuadir a los enfermos incurables de la bondad de la muerte, causada por sí mismo o por otros. No obstante, el carácter literario del relato y el tono irónico empleado por el autor en muchos de sus pasajes impiden afirmar con rotundidad que Moro defendiese la licitud moral de la eutanasia y del suicidio asistido [27]. Francis Bacon (Novum Organum, 1623) acuñó el término «eutanasia exterior» para referirse a la misión de los médicos de facilitar la partida de esta vida a los enfermos incurables [28].

Desde finales del siglo XIX la eutanasia conocería un nuevo impulso en gran medida gracias a la aparición de la eugenesia, es decir la aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana [29]; y el darwinismo social según el cuál en las sociedades solo sobrevivían los más aptos. Aunque hay muchos más ejemplos, en 1873 Samuel D. Williams escribe el artículo Eutanasia en la revista Popular Science Monthly en el que defiende la eutanasia realizada por médicos y aplicada a pacientes que la solicitaran y con el fin de evitar el dolor [30].

Entre mayo de 1940 y septiembre de 1941 el nazismo puso en marcha un programa sistemático de eutanasia aplicada sobre deficientes físicos y mentales; el plan se denominó Eutanasia T4 y fue dirigido por Karl Brandt, médico que contaba con un nutrido equipo de profesionales (unos 350 médicos); utilizaron cámaras de gas [31]. A finales de agosto de 1942 Hitler detuvo el programa debido a las protestas y denuncias públicas. Sin embargo, en agosto de 1942 se reanudaron las operaciones más discretamente, utilizando fármacos e inyectables o privando a los pacientes (enfermos, discapacitados, ancianos, heridos …) de alimentos. Este programa continuó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que solo entre 1939 y 1941, alrededor de 70.000 personas murieron en el programa de eutanasia, aunque en el proceso de Nuremberg se estimó un total de 275.000 personas víctimas de la eutanasia nazi [32].

Situación legal de la eutanasia y el suicidio asistido

Actualmente la eutanasia está legalizada en Países Bajos y en Bélgica. El suicidio asistido está legalizado en Suiza y en los estados norteamericanos de Oregón, Washington y Vermont.


Países Bajos

En 1984 se despenalizó la eutanasia en Países Bajos aunque hasta el año 2002 no entró en vigor la Ley de comprobación de la finalización de la vida a petición propia y del auxilio al suicidio, actualmente vigente.

La ley holandesa considera legal la intervención directa y eficaz del médico para causar la muerte del paciente que sufre una enfermedad irreversible o que se encuentra en fase terminal y con padecimiento insoportable. Además, se exigen los siguientes requisitos para que la eutanasia o el suicidio médicamente asistido sean legales:

El paciente debe residir en Países Bajos. La petición de eutanasia o de ayuda al suicidio debe ser reiterada, voluntaria y producto de la reflexión. Los sufrimientos deben ser intolerables y sin perspectivas de mejora. El paciente debe haber sido informado de la situación y del pronóstico. El médico que vaya a aplicar la eutanasia está obligado a consultar el caso con un compañero (o dos en el caso de que el sufrimiento sea psicológico), que tiene que emitir el correspondiente informe. La eutanasia o la ayuda al suicidio debe realizarse con profesionalidad [33]. En la práctica, actualmente puede pedir la eutanasia cualquier paciente, independientemente de si es o no un enfermo incurable o en situación terminal o si padece un sufrimiento psíquico o físico. Las peticiones de eutanasia las pueden hacer menores de edad, en algunos casos con el consentimiento de los padres (entre los 12 y 16 años inclusive) y sin el consentimiento, aunque participando en la decisión final (entre los 16 y 17 años). En 2003 el neonatólogo Eduard Verhagen, logró que la fiscalía regional de Groningen, al norte de los Países Bajos, le autorizara practicar la eutanasia a menores de 12 años [34] . Entre 1997 y 2004 médicos holandeses aplicaron la eutanasia a un total de 22 bebes con espina bífida [35],hecho que fue criticado por pediatras holandeses en un estudio en la revista Pediatrics [36] .

Según The Lancet, en 2010 el 2,8% de los fallecimientos ocurridos en Países Bajos fueron resultado de la eutanasia frente al 1, 7 % correspondiente al 2005 [37]. En noviembre de 2011 fue aplicada por primera vez la eutanasia a un paciente con demencia severa; en 2010 se produjeron 25 casos de eutanasia a personas con demencia moderada; en todos los casos se consideró legal la aplicación de esta práctica [38].


Bélgica

En Bélgica, la eutanasia se aprobó en el año 2002. Se definía la eutanasia como «el acto intencionado de terminar con la vida de una persona a petición de esta»; debía ser solicitada conscientemente por una persona mayor de edad o menor emancipado, capaz, con pronóstico de enfermedad irreversible, que padeciera un sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable o una enfermedad grave incurable. La solicitud de eutanasia debe realizarse por escrito, de manera voluntaria y reiterada y escrita y firmada por el paciente o por un adulto designado por este. La solicitud puede ser revocada por el propio interesado en cualquier momento. Los médicos tienen, entre otras, la obligación de consultar a otro especialista en la patología correspondiente, quien a su vez realizará un informe. En la legislación belga está prevista la eutanasia para pacientes no terminales [39].

Según datos oficiales, entre septiembre de 2002 y diciembre de 2011 se produjeron 5.537 casos de eutanasia; en la mayoría de los casos los pacientes alegaron sufrimientos físicos y psíquicos. Entre 2008 y 2011 el número de casos se incrementó un 61 %; ha aumentado la eutanasia en aquellos pacientes cuya muerte no estaba prevista a corto plazo, así como los casos de trastorno neuropsiquiátrico (50 en 2011) [40].


Oregón

En 1997 entró en vigor en Oregon (Estados Unidos) la Ley de Muerte con Dignidad (Death whith Dignity Act), que permite a los médicos prescribir fármacos que provocan la muerte del paciente; este se administra directamente el medicamento en el lugar que decida. Para poder obtener la prescripción, los enfermos deben obtener un certificado de dos médicos que indiquen que el paciente sufre una enfermedad incurable y que su expectativa de vida no supera los seis meses. El solicitante debe ser mayor de edad (de 18 o más años), residente en Oregon y con capacidad para tomar y comunicar decisiones sobre su salud. Entre 1998 y 2011, según datos oficiales del estado de Oregon, se produjeron 596 casos de eutanasia legal; la media de edad de los pacientes fue de 71 años y el 97, 6 % se incluía en la etnia «blancos» (las otras categorías son asiáticos, hispanos, afroamericanos, indios americanos, mestizos, procedentes del Pacífico o de Oceanía)[41].

Washington

Washington se convirtió en el segundo estado de Estados Unidos en permitir el suicidio asistido cuando el 4 de noviembre del 2009, los votantes del estado de Washington votaron a favor (un 58% contra un 42%) del Acta de Muerte con Dignidad

Tras las aprobación de la medida en un referéndum aprobado en noviembre, los médicos en Washington estarán autorizados a prescribir dosis letales de medicamentos para enfermos en fases terminales, a quienes les hayan diagnosticado menos de seis meses de vida.

Vermont

El 13 de mayo de 2013, la Cámara de Representantes del estado norteamericano de Vermont aprobó una ley de suicidio asistido que ha sido muy discutida en las dos cámaras del Parlamento. La ley entrará en vigor con la inminente firma del gobernador demócrata, que ya ha anunciado su apoyo.

Vermont es conocido por ser uno de los estados más “progresistas”. Fue el primero en aprobar las uniones civiles para parejas del mismo sexo (2003) y posteriormente el matrimonio homosexual (2009). En parte, la demora en aprobar el suicidio asistido se ha debido a la pugna entre el Senado y la Cámara de Representantes por fijar un texto con más o menos restricciones. Las últimas semanas han sido decisivas.

En principio, la propuesta se fijaba en el modelo de Oregón, el primer estado en aprobar una ley de suicidio asistido. La norma de Oregón establece un control de cada caso por parte de las autoridades del estado, y obliga a los médicos a rellenar un exhaustivo formulario y acreditar que la decisión del enfermo es libre e informada

[42].

Suiza

En Suiza el suicidio asistido se permite en casos de personas conscientes y con una enfermedad incurable o mortal a corto plazo. En la asistencia al suicidio pueden intervenir personas ajenas a la profesión médica [43].

Sin necesidad de una legislación específica, el Tribunal Federal suizo afirmó en noviembre de 2006 que el suicidio asistido era legal y se derivaba del derecho a decidir de las personas, independientemente de su estado de salud; para que fuera legal, el paciente debe ingerir una dosis letal de barbitúricos recetados por un médico o aplicarse una inyección intravenosa por si mismo; quiénes le ayuden no deben tener ningún interés en su muerte [44]. Una sentencia posterior (2007), del mismo Tribunal Federal, admitía la posibilidad de que las personas aquejadas de problemas psíquicos o psiquiátricos podían recibir ayuda para suicidarse [45]. En el cantón de Zurich, sede de una entidad privada dedicada al suicidio asistido, la población rechazó prohibir el suicidio asistido en un referéndum celebrado en mayo de 2011 [46]. En el cantón suizo de Vaud se aprobó, mediante referéndum (junio de 2012) una ley que obliga a los establecimientos médico-sociales y hospitales con financiación pública a aceptar la ayuda al suicidio de sus pacientes o pensionados lo soliciten. Para evitar abusos, el parlamento y el gobierno del cantón establecieron como requisitos que la persona que solicitara ayuda para el suicidio sufriera una enfermedad grave e incurable y tuviera capacidad de discernimiento. Además, el solicitante debía haber recibido antes información sobre cuidados paliativos; el personal del centro (incluido el médico) no puede ayudar al suicidio [47].


El caso de España

En España el artículo 143 del Código Penal establece diferentes penas de prisión para los que induzcan o cooperen al suicidio y para los que causen o colaboren en la muerte de otro por petición expresa de éste «en el caso de que la en el caso de que sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar».

No obstante, en las comunidades autónomas de Andalucía (desde 2010) y Aragón (desde 2011) existen leyes que regulan los derechos de las personas en el proceso de la muerte que, según algunas opiniones podrían amparar prácticas eutanásicas. Concretamente, ambas normas incluyen el «derecho a la sedación terminal» (art. 14 de la Ley andaluza y artículo 32 de la aragonesa), una herramienta terapéutica que debe surgir a propuesta del personal médico y no como una exigencia del paciente. Así mismo, las citadas leyes establecen la obligación, para el médico, de limitar las medidas de soporte vital cuando lo estime necesario para evitar la obstinación terapéutica (arts. 21 de las dos leyes); sin embargo, al no diferenciar las medidas extraordinarias de soporte vital (ventilación mecánica) de los cuidados básicos (ordinarios) la hidratación y nutrición, el médico estaría obligado por ley a privar de agua y alimentos a un enfermo, lo cual provocaría su muerte [48].

La eutanasia y el final de la vida en las normas y documentos internacionales

Diferentes organismos e instituciones supranacionales han aprobado declaraciones, resoluciones, recomendaciones y normas que hacen referencia al final de la vida de las personas o, incluso de manera explícita, a la eutanasia [49]:


  • Consejo de Europa. El Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales fue aprobado por los Estados miembros del Consejo de Europa en Roma en 1950 y establecía en su artículo 2 .1. lo siguiente: «El derecho de toda persona a la vida está protegido por la Ley. Nadie podrá ser privado de su vida intencionadamente, salvo en ejecución de una condena que imponga pena capital dictada por un tribunal al reo de un delito para el que la ley establece esa pena.» [50].La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó en 1976 una Recomendación relativa a los derechos de los enfermos y los moribundos que, entre otras cuestiones, recomendaba a los gobiernos de los Estados miembros que procuraran que los pacientes fueran aliviados de sus sufrimientos y crearan comisiones nacionales que elaboraran reglas éticas para el tratamiento de los enfermos moribundos, la determinación de los principios médicos relacionados con la prolongación de la vida y el examen de la situación de los médicos que hubieran renunciado a adoptar medidas artificiales para prolongar el proceso de la muerte en los enfermos agonizantes o tomar medidas destinadas a mitigar los sufrimientos de tales enfermos, con la posibilidad de tener un efecto secundario en el proceso de la muerte [51]. La misma Asamblea aprobó en 1991 una Recomendación (Recomendación 1418 adoptada el 25 de junio de 1999) sobre Protección de los enfermos en la etapa final de su vida en la que se instaba a los Estados miembros del Consejo de Europa a garantizar el derecho de los enfermos terminales o moribundos a recibir cuidados paliativos integrales y a la autodeterminación y a respaldar la prohibición de poner fin intencionadamente a su vida [52].Finalmente, el 25 de enero de 2012 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó la Resolución 1859 (2012) en la que expresamente se afirma que «la eutanasia, en el sentido de muerte intencional por acción o por omisión de un ser humano dependiente para su supuesto beneficio, debe ser siempre prohibida» [53].


  • Asociación Médica Mundial (AMM). Sin duda influida por la tragedia del nazismo y la colaboración de numerosos profesionales de la medicina, en 1948 la Asamblea General de la Asociación Médica Mundial reunida en Ginebra (Suiza) adoptó una declaración basada en el Juramento Hipocrático en la que los profesionales se comprometían a «velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo, incluso bajo amenaza, y no emplear mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas»; además, no permitirían que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpusieran entre sus deberes y su paciente [54]. El Código Internacional de Ética Médica adoptado por la Asamblea General de la Asociación Médica Mundial en Londres en 1949, enmendado en asambleas posteriores (Sydeny 1968 y Venecia 1983), se ratificaba en la obligación médica de preservar siempre la vida humana [55]. La Declaración de Venecia de esta misma asociación se refería expresamente a la enfermedad terminal, estableciendo la obligación del médico de curar y aliviar el sufrimiento protegiendo los intereses de los pacientes; se incluye la posibilidad de interrumpir los tratamientos curativos con el consentimiento del paciente o de su familia [56].Expresamente, la Asamblea celebrada en Madrid en 1987 aprobó una Declaración sobre la eutanasia en la que se declaraba esta práctica, «aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares» como contraria a la ética, lo que no impide que el médico respete «el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad». En la Asamblea de 1992 esta asociación declaró también contrario a la ética y objeto de condena por la profesión médica de la ayuda médica al suicidio. Por último, en la Asamblea celebrada en Washington (2002), además de ratificarse en las declaraciones anteriores, instaba «a las asociaciones médicas nacionales y a los médicos a abstenerse de participar en la eutanasia, incluso si está permitida o despenalizada por la legislación nacional, bajo ciertas condiciones» [57].


  • Declaración de la International Association For Hospice & Palliative Care (IAHPC). Frente al intento de incluir la eutanasia, y el suicidio médicamente asistido entre los cuidados paliativos, afirman:
  1. La eutanasia y el suicidio médicamente asistido(SMA) vulneran la ética médica. “En todo el mundo, los médicos están capacitados para brindar atención y preservar la vida. Empezando con el juramento hipocrático (“No daré ningún medicamento letal a nadie si me lo pide ni sugeriré tal consejo”), los códigos de la ética profesional para médicos han aclarado que finalizar la vida no es parte de las tareas de un médico”. Por eso, la declaración afirma que “la práctica de la eutanasia y el SMA infringirían estas normas profesionales”. En el mismo sentido van los pronunciamientos de la Asociación Médica Americana y la Asociación Médica Mundial, citados por la IAHPC. “La eutanasia, que es el acto de poner fin deliberadamente a la vida de un paciente, aun a petición del propio paciente o a petición de familiares cercanos, no es ética”, afirma la Asociación Médica Mundial. Y añade: “el suicidio médicamente asistido, como la eutanasia, no es ético y debe ser condenado por la profesión médica. Cuando la intervención del médico está intencional y deliberadamente dirigida a permitir que una persona ponga fin a su propia vida, el médico actúa sin ética”.
  2. Socavan la confianza en los médicos. “Dentro de la profesión médica, la relación médico-paciente es de suma importancia. La IAHPC cree que las prácticas de la eutanasia y el SMA infringen el vínculo de confianza dentro de la profesión médica, el cual es esencial para la relación médico-paciente. La IAHPC teme que estas prácticas pudieran erosionar la relación médico-paciente, que los pacientes pudieran estar renuentes a recibir un tratamiento de cuidados paliativos por temor a que los médicos aceleraran la muerte. La IAHPC cree que la eutanasia y el SMA socavan la integridad de la profesión y la dedicación a salvaguardar la vida humana”.
  3. Fuera de las unidades de cuidados paliativos. Por coherencia con las dos afirmaciones anteriores, la declaración afirma: “En los estados y países en los que la eutanasia o el SMA son legales, la IAHPC está de acuerdo en que las unidades de cuidados paliativos no deben ser responsables de supervisar o administrar estas prácticas, ya que esto pondría a los profesionales, a su personal y, en algunos casos, a sus pacientes y sus familias, en posiciones insostenibles. La IAHPC también está de acuerdo con la Sociedad Canadiense de Médicos de Cuidados Paliativos y con Cuidados Paliativos Australia, que afirman que la eutanasia y el suicidio asistido no deberían formar parte de la práctica de los cuidados paliativos”.También para el caso de aquellos países donde ya están legalizados la eutanasia y el SMA, la IAHPC declara: “La ley o las políticas deben incluir estipulaciones para que a cualquier profesional de la salud que se oponga a asistir en la muerte de un paciente se le permita negarse a participar, y que se dirija a ese paciente a un defensor neutral que pueda analizar opciones y organizar una transferencia, de ser necesario”.
  4. Reconocer la objeción de conciencia. También para el caso de aquellos países donde ya están legalizados la eutanasia y el SMA, la IAHPC declara: “La ley o las políticas deben incluir estipulaciones para que a cualquier profesional de la salud que se oponga a asistir en la muerte de un paciente se le permita negarse a participar, y que se dirija a ese paciente a un defensor neutral que pueda analizar opciones y organizar una transferencia, de ser necesario”[58].

El debate en torno a la eutanasia

Es evidente que la cuestión de la eutanasia suscita polémica incluso en los inicios del siglo xxi. Para conocer las diferentes posturas, podemos dividirlas (con el riesgo de simplificación que implica la síntesis) en defensores y detractores.

Defensores

  • Humanitarismo. El dolor, el sufrimiento, la pérdida de movilidad, la dependencia de otros, las molestias físicas o las deficiencias psíquicas hacen la vida insoportable e «indigna», por lo que resulta humanitario causar la muerte o ayudar directamente a morir a una persona. Este argumento está relacionado con la compasión: la eutanasia o la colaboración en el suicidio es una forma compasiva de aliviar el dolor y el sufrimiento de una persona. El teólogo Hans Küng, entre otros, defiende esta posición como la decisión de «devolver la vida a las manos de Dios tras un madura discernimiento de conciencia» [59].


  • Autodeterminación. En la sociedad contemporánea, formada por ciudadanos libres, las personas tienen derecho a decidir sobre el fin de su vida sin ser penalizados por ello. Este argumento es el esgrimido por la Federación Mundial de Asociaciones por el Derecho a la Muerte Digna (The World Federation of Right to Die Societies, más conocida por sus siglas, WFRtDS). Organización sin ánimo de lucro, fue fundada en 1980 y está formada por 46 asociaciones presentes en 25 países. Esta entidad no se define a si misma como defensora de la eutanasia sino como favorable al «derecho a morir» o «lograr o proteger los derechos de las personas a la autodeterminación en la etapa final de sus vidas» [60]. Las organizaciones suizas Dignitas y Exit, que ayudan al suicidio asistido de quienes se lo soliciten, utilizan este argumento.


  • Dejar de ser una carga para otros. El filósofo John Hardwig considera responsable decidir la propia muerte para evitar a los familiares y personas cercanas perjuicios económicos o molestias.En una sociedad en que la disponibilidad de recursos para la práctica médica se halla muy restringida, puede no ser ético el embarcarse en tratamientos extremadamente caros para enfermos terminales. Hay incluso quien considera que es ético solicitar el suicidio asistido o la eutanasia por amor a los parientes cercanos, dado que el cristianismo justifica la muerte en algunos casos (como el de los mártires), otorgándole un sentido altruista[61].


  • Utilitarismo y funcionalismo. Una posición más extrema entre los defensores de la eutanasia es la que representa Peter Singer, quien afirma que no es lo mismo ser persona que ser humano, por lo que «solo es persona aquel ser humano capaz de realizar actos de razón. Desde esta posición, aplicar la eutanasia a niños pequeños, enfermos que hayan perdido la consciencia o personas con demencia senil estaría plenamente justificado [62].


Detractores

El principal argumento contra la eutanasia es el de la inviolabilidad de la vida humana: nadie debe decidir sobre la vida de otras personas. La defensa de la eutanasia como ejercicio de libertad y autodeterminación encuentra contestación en algunos expertos para quienes la despenalización de esta práctica y su aceptación social no afecta solo al individuo que la solicita para si mismo sino que tiene una repercusión social. "Es una decisión fundamental sobre el tipo de sociedad que pretendemos y es una medida protectora de quienes, aunque están minusvalorados en la ideología dominante, poseen un valor ontológico y social fundamental para la propia constitución de una sociedad moralmente aceptable" [63].

Las consecuencias de aceptar la eutanasia serían, según Niceto Blázquez, la imposición de la muerte en casos de personas que no lo han decidido, la desconfianza de ancianos y enfermos respecto a familias e instituciones sanitarias, la depreciación institucionalizada de la vida humana (que sería valorada por sus capacidades y no por si misma) [64]. En el caso holandés hay estudios que demuestran que la mayor parte de las peticiones de eutanasia proceden de los familiares, más que de los mismos pacientes [65].

Los efectos de la eutanasia en la relación médico-enfermo han merecido abundantes comentarios. Para numerosos médicos, la eutanasia, lejos de ser una forma de medicina, es una forma de homicidio que acaba «con la confianza depositada durante milenios en una profesión que siempre se ha comprometido a no provocar la muerte intencionalmente bajo ningún supuesto, lo que conllevaría la deshumanización de la medicina». Por el contrario, la experiencia de los profesionales sanitarios es que cuando un enfermo solicita la muerte lo que pide es que le alivien el dolor físico y el sufrimiento moral. La legalidad de la eutanasia y, por tanto, su práctica habitual, reduciría además la investigación en patologías asociadas con la ancianidad o los estados terminales [66]

Otro argumento contra la legalización de la eutanasia es el de la «pendiente resbaladiza», según el cual, una vez abierta la puerta legal de la eutanasia, esta ya es imparable y se aplica, en un corto espacio de tiempo, a otros casos que están fuera de los previstos por la ley. Este argumento, en opinión de varios expertos, es evidente en Países Bajos, donde en dos décadas se ha pasado «del suicidio asistido hasta la eutanasia, desde la eutanasia para los enfermos terminales a la eutanasia para los enfermos crónicos, desde la eutanasia para las enfermedades físicas a la eutanasia por malestar psicológico, y desde la eutanasia voluntaria hasta la eutanasia no voluntaria y la involuntaria» [67]. El riesgo de la «pendiente resbaladiza» lo menciona también la SECPAL al afirmar que en Países Bajos se ha demostrado que existían cifras importantes de casos de eutanasia no solicitada a pesar de que solo se aceptaban casos de solicitud expresa y reiterada de eutanasia.


Las religiones y la eutanasia

Aunque el budismo no tiene un a doctrina formulada y clara sobre este tema, su propia concepción de la vida y de la muerte implica que disponer de la propia existencia no es correcto. Para el budismo, la finalidad de la vida es ir superando las diferentes reencarnaciones para llegar al nirvana o liberación final; en este ciclo la solicitud de la propia muerte no resuelve nada y de alguna manera es una intervención artificial en la propia evolución de la vida humana [68].

El judaísmo, de acuerdo con la tradición bíblica, considera que la vida es un don de Dios del que no podemos disponer libremente. Aunque no hay una referencia explícita a la eutanasia en el Antiguo Testamento, se deduce su prohibición del quinto mandamiento de la ley revelada por Dios a Moisés.

A pesar de sus numerosas corrientes, parece existir unanimidad en el islam actual respecto a la ilicitud moral de cualquier tipo de eutanasia, considerando que la vida es un don de Dios que hay que proteger, de acuerdo con el Corán: quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. (Corán, 5:32) [69].

La concepción cristiana de la vida humana como don de Dios conlleva el rechazo a la eutanasia, también entre los protestantes, si bien entre estos últimos, como es sabido, no existe una doctrina moral común establecida sino la interpretación libre de la Biblia. La Iglesia Católica se ha pronunciado sobre el asunto en numerosas ocasiones; así, el catecismo afirma que «la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable [70].

Otras voces

Referencias

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