Humanae vitae

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El 25 de julio de 1968 Pablo VI publica la carta encíclica Humanae vitae (Sobre la vida humana)[1] para explicar la enseñanza de la iglesia católica sobre el matrimonio y la familia. En ella va a abordar los temas de la regulación de los nacimientos, la paternidad responsable, los anticonceptivos, y el aborto.


Antecedentes[editar | editar código]

Artículo principal: Anticoncepción y cristianismo

Juan XXIII en sus últimos meses de vida había creado una comisión especial [2] para estudiar y profundizar la respuesta de la Iglesia a las cuestiones que planteaba la comercialización de la nueva píldora Pincus . Asimismo era de competencia de dicha comisión examinar el problema del aumento de la población mundial.

Pablo VI, siempre atento a las nuevas problemáticas de la ciencia, cuando fue elegido Papa confirmó enseguida la comisión que había nacido por iniciativa de su predecesor y amplió gradualmente sus horizontes. Mientras tanto en el concilio Vaticano II cuando se empezó a discutir sobre este tema, se acabó dejando en manos de Pablo VI su resolución. En 1968 el informe de la mayoría de la comisión que transcendió al público era favorable a la admisión de los medios artificiales de control de la natalidad. También había un informe de la minoría que rechazaba estos métodos [3]. El 25 de julio de 1968, Pablo VI publicará la encíclica Humanae vitae, que se expone a continuación.

Estructura[editar | editar código]

Pablo VI
  • Nuevos aspectos del problema y competencia del magisterio
  • La transmisión de la vida
  • Nuevo enfoque del problema
  • Competencia del Magisterio
  • Estudios especiales
  • La respuesta del Magisterio
  • Principios doctrinales
  • Una visión global del hombre
  • El amor conyugal
  • Sus características
  • La paternidad responsable
  • Respetar la naturaleza y la finalidad del acto matrimonial
  • Inseparables los dos aspectos: unión y procreación
  • Fidelidad al plan de Dios
  • Vías ilícitas para la regulación de los nacimientos
  • Licitud de los medios terapéutico
  • Licitud del recurso a los periodos infecundos
  • Graves consecuencias de los métodos de regulación artificial de la natalidad
  • La Iglesia, garantía de los auténticos valores humanos
  • Directivas pastorales
  • La Iglesia, Madre y Maestra
  • Posibilidad de observar la ley divina
  • Dominio de sí mismo
  • Crear un ambiente favorable a la castidad
  • Llamamiento a las autoridades públicas
  • A los hombres de ciencia
  • A los esposos cristianos
  • Apostolado entre los hogares
  • A los médicos y al personal sanitario
  • A los sacerdotes
  • A los Obispos
  • Llamamiento final

Resumen[editar | editar código]

La encíclica consta de tres partes.

En la primera parte toma cuenta de las voces que hablan del control de la población, y la nueva consideración sobre el amor conyugal y la persona. Esto lleva a preguntarse sobre la necesidad de revisar las normas éticas actuales sobre todo teniendo en cuenta el sacrificio que pueden comportar. Afirma el valor del magisterio de la iglesia, también como es el caso de normas que pertenecen a la ley natural.

En la segunda parte, se afrontan los principios doctrinales que se deben tomar en cuenta.

Respecto al amor conyugal, se afirma que debe ser plenamente humano, total, fiel y exclusivo, y fecundo. Además no pueden separarse en él su significado unitivo y procreador. En concreto debe mantenerse:

  1. La doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significadounitivo y el significado procreador.(HV, 12)
  2. Los actos conyugales no son ilegítimos por el hecho de que sean infecundos en concreto: Estos actos, con los cuales los esposos se unen en casta intimidad, y a través de los cuales se transmite la vida humana, son, como ha recordado el Concilio, honestos y dignos, y no cesan de ser legítimos si, por causas independientes de la voluntad de los cónyuges, se prevén infecundos, porque continúan ordenados a expresar y consolidar su unión. De hecho, como atestigua la experiencia, no se sigue una nueva vida de cada uno de los actos conyugales. Dios ha dispuesto con sabiduría leyes y ritmos naturales de fecundidad que por sí mismos distancian los nacimientos. La Iglesia, sin embargo, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña quecualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida.(HV, 11)
  3. La responsabilidad de la paternidad exige que la decisión del número de hijos esté seriamente motivada: motivos serios, graves...(HV, 10)

Para la iglesia católica queda excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación(n.14) Por tanto, todo acto conyugal debe quedar abierto a la vida, se produzca esta o no.

Respecto a la paternidad responsable:

  • En relación con los procesos biológicos, paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones; la inteligencia descubre, en el poder de dar la vida, leyes biológicas que forman parte de la persona humana.
  • En relación con las tendencias del instinto y de las pasiones, la paternidad responsable comporta el dominio necesario que sobre aquellas han de ejercer la razón y la voluntad.
  • En relación con las condiciones' físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento' durante algún tiempo o por tiempo indefinido.

Es lícito acudir al conocimiento de la fertilidad para regular los nacimientos y vivir una paternidad responsable.

Son vías ilícitas para regular los nacimientos, el aborto,la esterilización, y toda acción que en previsión del acto conyugal, o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación. Quedan aquí incluídos los anticonceptivos sean del tipo que sean.

No son razones válidas para justificar estos actos ni la teoría del mal menor, ni la justificación de una concepción global de la vida matrimonial.

Luego, indica diversas consecuencias que podrían darse del uso de medios no naturales para el control de la natalidad: se abriría el camino para la infidelidad conyugal y la degradación de la moralidad, se perdería el respeto por la mujer que podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer, se daría a algunos estados la posibilidad de intervenir en temas tan íntimos de la pareja.


En la tercera parte, titulada "Directivas pastorales" el Papa se dirige a diversos grupos para solicitar su apoyo. Tras reconocer que esta doctrina puede suscitar reacciones en contra, afirma que siempre es posible observar la ley natural.

Pide a los esposos sólidas convicciones sobre el valor de la vida y de la familia, y el ejercicio del dominio de sí mismo. A los educadores que creen un clima favorable a la educación de la castidad. A las autoridades públicas que se opongan a las leyes que deterioren las leyes naturales de moralidad, pide que los científicos estudien mejores métodos de regulación de la procreación humana y un llamado a que los doctores, enfermeras y sacerdotes posean la ciencia para proponer soluciones acordes con esta enseñanza.

Otros artículos[editar | editar código]

Ética de la anticoncepción


Anticoncepción y cristianismo

Enlaces externos[editar | editar código]

Notas[editar | editar código]

  1. Pablo VI (25 de julio de 1968). Encíclica Humanae vitae. Sobre la vida humana. 
  2. Brunelli, Lucio (22 julio de 2008). «Humanae Vitae: la encíclica que dividió al mundo». Esquiú. Consultado el 19 de diciembre de 2012. 
  3. Fernández Benito, Alfonso (1994). Contracepción : del Vaticano II a la Humanae Vitae. ilicitud de la contracepción, desarrollo de la argumentación. Desde la Constitución "Gaudium et Spes" a la Encíclica "Humanae Vitae". Toledo Estudio Teológico de San Ildefonso.