Minusvalía mental

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Introducción[editar | editar código]

La definición de retraso mental según la American Association on Mental Deficiency es el funcionamiento intelectual general significativamente inferior a la norma, originado durante el período de desarrollo y asociado a problemas en la conducta de adaptación.

 Para que una situación de retardo mental pueda ser diagnosticada, el DSM-IV exige que se den al menos tres condiciones:

  1. Funcionamiento intelectual inferior a la media con un coeficiente intelectual por debajo del 70.
  2. Déficit del comportamiento adaptativo en relación a la edad y al grupo cultural de origen.
  3. Debut antes de los 18 años.

La causa del retraso mental puede ser múltiple: factores biofisiológicos prenatales, complicaciones perinatales, enfermedades infecciosas, carenciales y metabólicas, psicológicas y ambientales.

Clasificación[editar | editar código]

El DSM-IV clasifica en cuatro los niveles de retraso:

  1. Retraso leve: coeficiente intelectual entre 55-50.
  2. Retraso moderado: coeficiente intelectual entre 35-55.
  3. Retraso grave: coeficiente intelectual entre 20-35.
  4. Retraso gravísimo: coeficiente intelectual inferior a 20-25.

Principios generales[editar | editar código]

La Declaración de los derechos del minusválido mental[1], proclamada por la ONU el 20 de diciembre de 1971, afirma:

  1. El minusválido mental debe gozar, de los mismos derechos que los demás seres humanos.
  2. El retrasado mental tiene derecho a la atención médica y al tratamiento físico que requieran su caso, así como a la educación, la capacitación, la rehabilitación y la orientación que le permitan desarrollar al máximo su capacidad y sus aptitudes.
  3. El retrasado mental tiene derecho a la seguridad económica y a un nivel de vida decoroso. Tiene derecho, en la medida de sus posibilidades, a desempeñar un empleo productivo o alguna otra ocupación útil.
  4. De ser posible, el minusválido mental debe residir con su familia o en un hogar que reemplace al propio, y participar en las distintas formas de la vida de la comunidad. El hogar en que viva debe recibir asistencia (...).
  5. El retrasado mental debe ser protegido contra toda explotación y todo abuso o trato degradante (...)”.

Estos derechos implican a su vez unos deberes a no ser que se les consideren papel mojado.

Por ejemplo, el derecho del minusválido mental a tener una familia, implica ayudar integralmente a las familias con personas minusválidas.

Prevención[editar | editar código]

La posibilidad actual de efectuar el diagnóstico prenatal de numerosos minusválidos ha aumentado notablemente el aborto eugenético, propuesto a muchas familias en dificultad como la única solución ante la minusvalía severa de un hijo. Esta actitud que es la perversión de la prevención, indirectamente afectará a los niños que después del nacimiento manifiesten problemas de minusvalía mental. En efecto, desde algunas cátedras (los norteamericanos J. Watson y F. Crick citados por Schaeffer and Koop 1980) se habla ya de la extensión de la eugenesia después del nacimiento del niño como beneficio individual y social.

Es por tanto necesario decir aquí, desde una posición en las antípodas de la descrita hace un momento, que la prevención de las enfermedades genéticas se realiza a través de los test pre-matrimoniales y pre-concepcionales, a través de la potenciación de la medicina prenatal, perinatal y postnatal.

Si todo esto vale para un médico amante de su profesión y del correcto ejercicio de la medicina, la luz de la fe ofrece fundamentos nuevos que refuerzan el adecuado ejercicio de la profesión médica (Juan Pablo II en el Simposio sobre la trisomía del cromosoma 21,  Roma, 23 de mayo de 1989).

Profundización[editar | editar código]

Ante una situación de retraso mental, es deber del médico y de las instituciones sanitarias profundizar en el diagnóstico con la identificación de las causas del retraso. Una mentalidad en tal sentido permitirá indirectamente el desarrollo de la investigación, garantizará la prevención de ulteriores déficits e identificará cómo afrontar el tratamiento en el comportamiento con los minusválidos.

Por otra parte, la sociedad tiene la obligación moral de ejercer el principio de solidaridad y de subsidiariedad en relación a las familias del minusválido mental. Sería deseable un incremento en la política de ayuda a las familias en este sentido. De igual forma, la sociedad debería garantizar los estándares adecuados de asistencia médica y de rehabilitación en condiciones ambulatorias y domiciliarias.

Tratamiento[editar | editar código]

La investigación científica es imprescindible para el crecimiento de la ciencia médica. Sin embargo, en cada investigación supone un juicio ético que sería adecuado respetar. La investigación está al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la investigación científica. Si siempre este principio debe mantenerse, con más razón en el estudio sobre los minusválidos mentales.

El tratamiento integral de por vida debe estar presente ante estas personas. Un conflicto a veces se ha planteado en el debate bioético a todo lo que hace referencia a la esfera afectivo sexual. Evidentemente, los minusválidos tienen el derecho a una vida afectiva, en muchos casos serían objeto preferencial de ésta por parte de sus allegados.

Comportamientos relacionados con el ejercicio de la facultad sexual han sido objeto de debate. Habría que individuar caso por caso, la situación de retraso, la autonomía del minusválido y la capacidad para ser responsable y consciente de sus actos.

La moral católica considera gravemente desordenados la contracepción, la esterilización y otras acciones que tienden a separar o hacer inviable las dos dimensiones intrínsecas del acto conyugal, a saber la procreativa y la unitiva.

Por ello, habría que valorar el ejercicio de la sexualidad en personas con retraso mental que en muchas ocasiones no son lo suficientemente libres y concientes de lo que las funciones biológicas en algunos casos les permiten. Capitulo a parte supone la transmisión de enfermedades genéticas donde sería necesario y aconsejable al margen de otras condiciones hacer los exámenes pertinentes diagnósticos preventivos.

El recurso a la esterilización a pesar de las experiencias brutales del siglo pasado, han sido sorprendentemente repropuestas en una resolución del Parlamento Europeo de 1992 sobre los derechos del minusválido mental.

La réplica de E. Sgreccia no se hizo esperar, subrayando que la esterilización sin consenso del retrasado mental dictadas por el control social y eugenésico es algo inaceptable. Pero ha sido paradójicamente incluido dentro de una Resolución sobre los derechos civiles del minusválido y cuando ésta misma fue propuesta por la Alemania nazista fue entonces juzgada de gravedad intolerable.

Conclusiones[editar | editar código]

La situación de los minusválidos mentales afecta en gran medida a la responsabilidad de la sociedad en general, y de los médicos y de la familia en particular.

Durante la historia se ha intentado como solución aislar o no mostrar al minusválido, considerado como un estigma social que debía aparecer en sociedad lo menos posible. Otro punto de vista, sería el que algunos llaman libertario sobre todo desde el punto de vista de la investigación diagnóstica. Ambas posiciones a nuestro juicio son incorrectas.

El hecho de las minusvalías mentales debe ser particularmente pormenorizado. No se puede, como veíamos al principio de la voz, tratar igual los distintos individuos con coeficientes diversos. Por tanto, el problema debe ser afrontado personalmente, con realismo y con esperanza.

La ciencia médica nos asegura que la estructura cerebral es plástica, es decir, en ella hay un dinamismo que dependiendo de una correcta sensibilización y atención integral se puede modificar. El potencial cognitivo no es en ningún ser humano estático y esta certeza biológica debe llevar a la esperanza en la investigación y en el tratamiento de los minusválidos.

Por último la verdadera humanización en el tratamiento al minusválido mental pasa por la familia. Solidaridad a todos los niveles con el instituto familiar no hará sino que el minusválido progrese evolutivamente en su inserción en el ambiente. Por tanto, el estado y la sociedad deben procurar robustecer la familia porque es el lugar natural y adecuado para que el minusválido se comunique con los demás y con el mundo.

El minusválido mental no es una categoría o un problema a solventar o a aminorar, sino una persona, y como tal su única justicia para con él es el amor.

Un amor que se abre al otro en su individualidad irrepetible aunque enferma. Un amor que es capaz de decir “quiero que seas, es más, que bello es que seas”. Estas palabras que encierran un programa de vida se pueden pronunciar y vivir solamente en el recinto de amor que proporciona un matrimonio bajo la lógica del don y abierto a la vida. Reconocerá en esta dinámica que a pesar de la limitación objetiva, la bendición del Creador se hace presente entre otras cosas porque estimula y acrecienta el amor en el seno matrimonial y familiar.

BIBLIOGRAFIA[editar | editar código]

  • Fiori-E. Sgreccia, Sterilizzazione e diritti dei minorati mentali, in Medicina e Morale, 42 (1992), 1059-1062.
  • Cianti, Bioetica e riabilitazione dei soggetti portatori di handicap, in F. Bellino (ed), Trattato di Bioetica, Bari 1992
  • G.L. Gigli, Ritardo mentale in Nuovo Dizionario di Bioetica, S. Leone-S. Privitera, Roma 2004

Notas[editar | editar código]

  1. Simón Vázquez, Carlos (Mayo 2012). «Voz: Minusvalía Mental». Simón Vázquez, Carlos, ed. Nuevo Diccionario De Bioética (2 edición) (Monte Carmelo).