Calidad de la vida

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Introducción[editar | editar código]

Es un término usual en el mundo de la bioética en general y de la clínica en particular. Nuestras sociedades buscan calidades en todo lo que existe. Podemos hacer un análisis descriptivo acerca de la calidad de la vida. Será lo primero que presentemos, pero quisiéramos adentrarnos sintéticamente en un interesante aunque a veces proceloso campo. En la clínica diaria se valora ante de forma especial la calidad de la vida como conquista a realizar a través del ejercicio profesional.

Sin desatender al término y al concepto que se esconde detrás, convendrá explicitar qué se entiende por calidad de la vida porque es un término en principio polisémico. Dependiendo del contexto en el que se use podemos referirnos a un aspecto o al opuesto. En el planteamiento general de esta obra el concepto y el término de calidad de la vida se asocian y quieren entenderse como una búsqueda infatigable por hacer de la vida, especialmente de la humana, el centro de todo el cuidado biomédico con un respeto y servicio a la misma, independientemente de las cualidades que esta pueda ofrecer en un momento determinado.

En el lenguaje corriente, la calidad o las calidades de las cosas son objeto de requerimiento. La calidad es objeto en definitiva de precio. A mayor calidad, el mercado exige un mayor precio por el producto. Siempre las cosas intercambiables están sujetas a esta lógica del mercado económico. Los precios y las calidades en definitiva son intercambiables. Kant afirmaba que esta lógica se puede aplicar a todo menos al ser humano. Éste no es intercambiable, es único y, por tanto, no tiene un precio. En ciertos aspectos, la calidad es “accidental”, lo importante y definitorio es que “sea”. Ciertamente esta existencia debe ser cada día más acorde con su ser, pero no hasta el punto de determinarla. El problema está cómo en nuestra sociedad mediática se entiende por una cosa y otra.

Conviene aclarar desde el primer momento que es cuando menos curioso que al sustantivo vida, haya que añadirle un calificativo; digna, sagrada, calidad, cualidad, intangibilidad, etc. Parecería como si el sintagma vida, en nuestro caso vida humana careciera de significación. La vida humana es vida personal siempre. En este sentido, siempre la calidad de la vida de la persona puede mejorar pero siempre de forma adjetivada. En una antropología adecuada que exprese con realismo la complejidad del ser humano, la calidad de la vida será una tarea permanente. Ahora bien, si el término calidad asienta sobre una antropología de corte inmanentista como puede ser el utilitarismo en sus distintas variantes, entonces, la calidad de la vida puede ser definitoria para calificar a la vida misma. Nos encontramos en un caso ante la lógica ética y en el otro ante la lógica técnica. Esta lógica es la que se ha impuesto hegemónicamente en ciertos ambientes biomédicos y es el filtro discriminante para definir a la vida misma. De tal forma que la vida humana que no reúna ciertos parámetros “técnicos” se encuentra ayuna de calidad porque la calidad viene determinada en última instancia por el parámetro técnico que es el único medible y cuantificable. En este contexto situamos nuestra voz apostando por un ejercicio de la biomedicina que busque la calidad de la vida pero sometiendo siempre la calidad a la vida, y no la vida a la calidad.

Contexto histórico de aparición[editar | editar código]

Aparece alrededor de la década de los años cincuenta del siglo pasado adquiriendo en la década siguiente una mayor popularidad a medida que se daban avances significativos en esa década en la sociedad anglo-americana. La definición de la salud por la que apostó la OMS en 1946 también contribuyo a generarse el concepto. Tiene amplia difusión en la esfera política. Es muy usado en el lenguaje biomédico.

Aparece parejo al avance de la medicina y unida a la mejora en las condiciones de vida que tales avances han supuesto en el campo de la vida. Fundamentalmente un hito histórico ligado a la historia de la Medicina como fue el descubrimiento de la penicilina por el británico Fleming posibilitó el plantearse cómo es la extensión de la vida, la calidad que el revolucionario descubrimiento supuso. Y así junto a una serie de acontecimientos políticos, económicos, sociológicos etc donde algunos autores han señalado que en estos sesenta últimos años se ha avanzado más que los últimos seis mil, hace que se planteen numerosos rasgos de la nueva concepción cuantitativa de la vida. La cualidad de esa nueva cantidad es lo central una vez que la ciencia ha superado la limitación de la cantidad.

El concepto de la calidad de la vida nace en un contexto socio-económico donde se distingue claramente los aspectos objetivos de calidad con aquellos de índole subjetivo. Atienden al primer criterio los bienes disponibles que arropan a una persona como son la alimentación, la vivienda, el trabajo, el ocio etc, mientras que los subjetivos afectarían a la esfera de los deseos, aspiraciones que configuran la categoría de la felicidad. Hasta tal punto se ha identificado históricamente la calidad de la vida a este aspecto subjetivo que incluso se ha llegado a negar la validez científica de la calidad de la vida. La calidad de la vida es algo subjetivo, personal. Este extremo tiene su razón de ser pero obviamente la ambigüedad que ofrece es palmaria. A nuestro modo de ver, uno de las ambigüedades que pueden afectar al término de la calidad de vida, reside en esta subjetivización al hacer depender la calidad de la vida del mundo de las aspiraciones y deseos que obviamente son muy particulares. Pensamos que la calidad es algo más, es tener una armonía entre al menos ambos aspectos objetivos y subjetivos arriba descrito, pero ante todo algo más englobante que esas dos determinaciones. Es lo que afirma Sgreccia cuando señala que a los dos aspectos descritos se añade el aspecto de los valores. Esta tercera y última dimensión configura la auténtica calidad de vida ya que define singularmente el mundo de la persona.

La bioética debería en este sentido prestar atención a estos tres niveles de especificación y ofrecer modos de acción concretos que aseguren la calidad de la vida. No cualquier especificación hace honor al bien de la vida humana.

En medicina, algunos han llegado a postular hasta fórmulas matemáticas para “cuantificar” la calidad de la vida, de tal forma que no alcanzando ciertos dinteles, la vida carece de calidad. Insistimos en que la calidad es genitiva, es secundaria al sustantivo vida. En la mayoría de los casos estas fórmulas postuladas para tener una medición “objetiva” de calidades de vida se hacen con el concurso de la subjetividad de terceros, como familia, sociedad, empresa, etc y no con parámetros objetivos del interesado que en la mayoría de los casos se trata de un enfermo tanto en la fase inicial de su vida como en el final de la misma.

Ambigüedad del concepto[editar | editar código]

En el fondo la pregunta última a la que nos enfrentamos es esta: la vida, especialmente la humana de qué depende, de la cualidad de ésta? O del hecho que sea?. Cuando apostamos por la primera determinación tiene sentido identificarla con fórmulas y cifras. No en cambio en la segunda. Paradójicamente esta segunda hace caso a la objetividad. La primera elección, en cambio aunque aparentemente objetiva (cifras y fórmulas) se configura en la subjetividad de terceros. Así las cosas, la calidad de la vida, ¿no ha llegado a fundar y a sostener en ella la dignidad de la vida?. Hace décadas se formuló la ecuación de que una vida era digna si tenía calidad.

Una visión crítica no puede por menos describir la arbitrariedad y reducción de la anterior formulación ya que ha permitido que sea fundamentalmente un aspecto subjetivo el que rellene los parámetros de calidad. Para algunos la autoconciencia, para otros la capacidad de relación, para otros la capacidad de expresar emociones etc.

Juntamente con lo expuesto, el deslumbramiento tecno-científico pueden determinar la calidad de la vida no ya como algo arbitrario y subjetivo, sino como algo necesario y absoluto. Por tanto, el valor vida que es inviolable, se traduce en absoluto, cuando no es así. Una cosa en la inviolabilidad y otra la absolutización. Es la lógica seguida en muchos casos del encarnizamiento terapéutico que considera el valor vida como absoluto y generalmente absoluto también para terceros.

¿Cómo entender la calidad?[editar | editar código]

Cuando hemos expresado de pasada que la calidad habla de especificación, de adjetivación queríamos expresar lo que Aristóteles expresó de manera insuperable escribiendo como la cualidad es uno de los accidentes de la sustancia. En definitiva no decide acerca de la sustancia, influye pero no modifica la esencia en sí de la cosa, en este caso de la vida. (Metafísica libro V). Por ello, el respeto y la dignidad de la vida humana, si bien se ven influidos por la calidad de la vida no se ve determinados por ella. El problema se introduce en la historia del pensamiento cuando Locke distingue entre cualidades primarias objetivas y secundarias o subjetivas. Tras la aparición del empirismo, el pensamiento moderno se ha visto con bastante dificultad para expresar las concretizaciones cualitativas de la realidad de modo objetivo. No pasaría de ser un dato interesante en el debate cultural, mas cuando se trata de decidir el mantener la vida de un neonato malformado o de un demente o de un anciano unido a un respirador, las concretizaciones deben ser todo menos dudosas.

Desde nuestro punto de vista, la calidad de la vida está al servicio de la tutela absoluta de la vida física. El concepto de calidad de la vida no se opone ni aminora al de la tutela de la misma. Los bienes que dan calidad a la vida según la bioética personalista son aquellos derivados del principio de totalidad y del principio de responsabilidad. Existe un aspecto objetivo de la calidad de la vida que se refiere al bien de la salud deducible del principio terapéutico y otro deducible de la libertad-responsabilidad del paciente deducible del principio de libertad-responsabilidad. El carácter de objetividad del principio terapéutico se refiere ante todo al momento diagnóstico. La fase siguiente que es la terapéutica, es más subjetiva ya que concurren elementos que pueden hacer variar la objetividad.

En esta fase la acción del paciente es importante ya que la elección terapéutica debe contar siempre con la elección del paciente. Y en este sentido, la voz del paciente es importante en la decisión terapéutica a realizar. Para la bioética personalista el principio de responsabilidad es importante y está en relación con la componente subjetiva de la calidad de la vida. La educación del agente moral, en este caso del paciente es capital para que él sepa elegir siempre y sin mucha dificultad lo que le conviene como bien integral. Nunca se puede standarizar una actuación en bioética sino ofrecer el encuentro entre las componentes objetivas y las subjetivas de tal forma que siempre se realice el bien de la persona. En este contexto aparecen lo que la literatura describe como medios desproporcionados y proporcionados. Proporcionados o desproporcionados en relación a la integridad de la vida. No se identifican automáticamente con la calidad. La calidad de la vida puede en algunos casos requerir utilizar medios proporcionados pero no los desproporcionados que son manifestación de una no aceptación de la muerte. En otros casos clínicos la utilización de medios “extraordinarios”puede estar justificado por la singularidad o anormalidad de la coyuntura que los exigen. Actuar identificando calidad y vida pueden llevar forzar extremos que no responden a la dignidad inviolable de la persona y de su bien.

Conclusión[editar | editar código]

Por tanto, la calidad de la vida es su parámetro compuesto por distintas componentes que ayuda a forjarse un principio de actuación ante la vida. Nunca pueden calificar y mutar la esencia de la vida.

La vida humana no tiene valor porque tiene calidad, sino que tiene calidad porque es. No se suele aceptar la calificación de vidas sin valor vital de corte eugenésico que parece rebrotar en las sociedades donde prever la muerte parece ser que es lo único que escapa del control tecnológico y que determinan la actuación terapéutica ante la vida humana.

No existen vidas con mayor o menor valor vital. Todas las que son comparten el único y mismo valor.

Bibliografía[editar | editar código]

  • E. Sgreccia, Manual de Bioética, México 1999.
  • R. Paccini, en Lexicón a cargo del Ponficio Consejo para la Familia, Madrid 2004.
  • L. de Carlini, Per una educazione alla qualità della vita, Aggiornamenti Sociali 1 (1986), 24-34.
  • S. Leone, Dizionario di Bioetica, Acireale 2004.